Grey's profile<[-[ El Bastión de los A...PhotosBlogLists Tools Help

Grey Arkhane

Occupation
Location
Me gustan los lugares solitarios y tranquilos, los bosques de mi tierra, allí donde, rodeado de vida y niebla, yo soy sólo yo.
No list items have been added yet.

<[-[ El Bastión de los Ahsuui ]-]>

Más allá de lo que podemos ver o imaginar,hay ojos y oidos pendientes de nuestros actos...
January 30

Más allá de una estación olvidada


  

Silencio y oscuridad. Eso era todo. Silencio, oscuridad e incontables cantidades de polvo y ruinas, el inconfundible estigma con que el tiempo marcaba todo aquello que había sido apartado de la memoria del hombre, eran lo único que quedaba en la abandonada estación de metro. Ni siquiera el susurro de los inquietos roedores o el casi imperceptible gotear del agua cenagosa que se filtraba desde alguna cañería mal sellada interrumpían el ambiente callado y grave, como de tumba, que reinaba en aquel lugar, como si el eco de algún recuerdo amargo obligase a los mismos muros a contener la respiración.
 
Ignorando la lúgubre atmósfera, un eco de pasos se alzó creciente desde las profundidades de una de las escaleras que desembocaban en el andén. Comenzó como un susurro apenas audible, una rítmica intuición para las detestables ratas de que pronto dejarían de encontrarse solas, y fue aumentando en intensidad, propagándose a través de la siniestra arcada de acceso al deteriorado canal que en otro tiempo contuviera los railes. Finalmente, el recargado pórtico escupió una sombra distinta de las demás, que se desplazaba en silencio por entre los cascotes de hierro y cemento y los cartones y mantas abandonados por los últimos vagabundos que intentaron refugiarse allí, muchos años atrás. Un aroma vegetal, amargo e intenso, acompañaba perezosamente a la figura.
 
El hombre dio una calada, y la repentina combustión del extremo de su cigarrillo se reflejó en sus ojos antinaturalmente brillantes, más felinos que humanos, y en las peculiares gafas que descansaban sobre su frente.
 
La total oscuridad sobrevino al momento y el hombre continuó caminando en dirección al extremo del andén, allí donde el túnel de metro se abría al abismo como la garganta voraz del mismo diablo. Desgajados carteles de otra época convivían en las paredes del andén con la infame y olvidable obra de algún vándalo callejero quizá ya muerto. Y con la sangre. Pero esto era algo que sólo el hombre podía ver.
 
Descendiendo por unas escalerillas, la sombra se sumergió en el cauce por el que transitaban hace años los largos gusanos metálicos repletos de gente que habitan el subsuelo de la gran ciudad, antes de los sucesos que obligaron al cierre de la estación. Poca gente los recordaba ya, aunque cientos de personas los presenciaron o sufrieron sus efectos. Hizo falta una meticulosa dedicación para que la memoria de todos los implicados decidiese prescindir permanentemente de aquellos hechos. El hombre no se encontraba entre los que habían olvidado, aunque a veces se preguntaba si no hubiera sido mejor hacerlo.
 
Dejándose llevar hacia la insondable negrura, la figura se alejó de la racional seguridad del andén para adentrarse en la red de túneles abandonados. Allí la suciedad y la ruina campaban a sus anchas. A cada paso que daba, el aire en torno suyo se volvía más rancio y más cálido, como en un descenso progresivo al infierno. El hombre sonrió ante lo irónicamente estúpido de aquella comparación. Tras caminar durante diez minutos, se detuvo y tomó aliento. Pese a todas las veces que había bajado hasta allí, nunca llegaría a acostumbrarse a lo que sus ojos iban a contemplar en aquel momento. Un par de gestos de sus manos crearon casi subliminales símbolos de luz en el aire junto a él, y a la orden de un quedo susurro un orbe de luz azulada se alzó disipando las tinieblas que lo rodeaban.
 
Lo que apareció ante sus ojos hubiera destruido la cordura de cualquier otra persona. Las paredes se curvaban y retorcían sobre sí mismas, plegándose en ángulos que desafiaban toda geometría. Redondeados bulbos carnosos que recordaban a la amalgama de cientos de cuerpos humanos adornaban blasfemamente los huecos y los salientes de aquella abominable arquitectura en la que resultaba difícil determinar qué era suelo y qué techo. Todo el lugar emanaba una atmósfera de amenaza latente, como la de un volcán inactivo o un leviatán dormido. El hombre de las gafas lanzó su cigarrillo a un rincón y se alisó el gastado guardapolvos intentando hacer acopio de sangre fría. Continuó adelante, hacia el final del túnel, donde se alzaba una gran losa de piedra de varios metros de diámetro. El globo de luz flotó tras él, siguiéndole de cerca.
 
La losa desentonaba, pulcra y tallada, con el aberrante espectáculo de su entorno. Ante la cercanía del hombre, líneas y símbolos se dibujaron sobre su superficie, como heridas de luz que se abriesen en la piel de oscura roca. Aquel apoyó una mano sobre un hueco tallado en ella y cerró los ojos.
 
Los sintió al otro lado empujando furiosos desesperados hambrientos de ALMAS y mentes y corazones agolpándose arrastrándose hirviendo en enjambres de DESEO lacerante coreado por miles de GRITOS desgarradores y ojos vacíos tan sólo el anhelo imperioso de traspasar penetrar expandirse AHOGAR en un mar infinito de delicioso extático sublime TERROR...
 
El hombre torció el gesto y apartó de su mente la insidiosa llamada, centrando su atención en las sensaciones que fluían de los símbolos tallados en la roca, y que en su mente aparecían como sólidos pilares entre los que se anclaba una fulgurante y gruesa cadena de luz. Examinó uno a uno los símbolos y los reforzó, entretejiéndolos con la energía de su propia alma y de ciertos recipientes, en su mayoría pintorescos cristales de mineral, que había traido consigo. Nuevas cadenas rodearon las columnas dibujadas en su visión mental, cerrándose fuertes ante la miríada de pavorosas y despiadadas voluntades del otro lado. El hombre sonrió, y al abrir los ojos una llamarada de luz azulada se desparramó por la losa de piedra, llevándose consigo el suave fulgor de los símbolos. Con una simple orden, el globo de luz que lo acompañaba se deshizo también, dejándolo de nuevo en la oscuridad de los profundos túneles más allá de una olvidada estación de metro.
 
Un buen rato después, un hombre con un largo abrigo y unas extrañas gafas sobre la frente salió de una modesta trampilla de acceso en un callejón y caminó hasta la calle principal, encendiéndose un cigarrillo mientras se perdía entre los transeuntes nocturnos de la luminosa metrópolis.
 
Grey Arkhane
November 14

Pies de Cristal


 

Pies de Cristal cerró los ojos, disfrutando de la placentera intensidad de aquel momento. Su cuerpo flotaba grácil e ingrávido en el seno acogedor del aire que lo rodeaba. Nada existía más allá de aquel instante, nada en el pasado, nada en el futuro, tan sólo la abrumadora paz de sentirse por fin libre, sin ataduras ni sufrimiento, pleno en aquel lugar al que su espíritu pertenecía realmente: Un mundo de nubes y brisas, de viento y de aire, de caprichosas danzas invisibles y misteriosos secretos envueltos en vapor.

Pies de Cristal había decidido liberarse. Cuando finalmente aprendió a caminar(y su tiempo le había llevado a sus padres enseñarle, pues al principio se negaba, incapaz de entender la utilidad de tal proceso) descubrió que cada paso alimentaba una creciente molestia, un dolor constante que lo acompañaba, nunca intenso pero siempre presente, como la sombra de una bestia marina por debajo de la superficie aparentemente tranquila de un lago. Largos años padeció aquel secreto tormento, intentando comportarse como el resto de sus congéneres, intentando racionalizarlo como algo normal a su condición, como algo soportable. Pero nada hacía que lo fuese y tarde o temprano, cuando nada más podía ocupar su mente, el dolor le recordaba su sempiterna presencia. En aquellas ocasiones se sentaba y sufría, hasta que lograba enterrar ese sufrimiento bajo una nueva y efímera convicción.

Hasta aquel día en que decidió que no volvería a hacerlo. Una sonrisa cruzó su rostro mientras se levantaba y tomaba impulso.

Pies de Cristal saltó.

Y voló, libre del yugo del dolor, de la irracionalidad de aquella tierra carente de sentido que castigaba cada uno de sus pasos, sintiéndose parte del viento que lo rodeaba y lo abrazaba como a un hermano largamente perdido y finalmente hallado. Su mente se vació de todo pensamiento y preocupación, y no sintió sino la cálida presión del sol sobre su piel y la suave brisa que se colaba por entre sus ropas. El dolor había desaparecido, dejando en su espíritu un vacío reparador y gratificante. Aquel era su hogar y en él, durante aquel largo instante, Pies de Cristal fue feliz.

Pero la gravedad ejerció su implacable tiranía, arrastrándolo de nuevo al suelo con la iracunda fuerza de una amante celosa y dolida, clavando sus pies en la tierra con el terrible peso de una lápida.

Pies de Cristal sintió cómo todos los huesos de sus piernas se quebraban al mismo tiempo, astillados en mil fragmentos transparentes como el aire que había surcado, ensuciados con la sangre que era como el barro en el que ahora se retorcía, gritando, perdida para siempre su felicidad.

Grey Arkhane

September 18

Beneath These Waves


     

"¡Hacia ti bogo, ballena omnidestructora, pero invencible! ¡Al fin lucho contigo! ¡Desde el corazón del infierno te hiero! ¡Por odio te escupo mi último aliento!" - Moby Dick, Herman Melville
 

 


The ocean's beauty
No longer moves my heart
It's black and empty
My aim's so for a part
I'm madness maddened
Driven by the waves of hate
It's him or me well
That's in the hands of fate

Somewhere deep within
There is nothing left but trouble
And the longing for the sweetness of revenge
Somewhere deep within
Let revenge be mine

Come all you mast-heads
Come all you harpooners
Sing out for him, well
My order shall be clear
All you mast-headers
You've heard these words before
It's your blood money
This broad bright ounce of gold

Somewhere deep within
I am forever Ahab
And this whole act is immutable decreed
Somewhere deep within
Let revenge be mine

A walk through the shadows
We'll soon cross the line
There is one thing for sure
You'll rise nevermore
A walk through the shadows
We'll soon cross the line
Beneath these waves you'll sleep

Somewhere deep within
There is nothing left but trouble
And the longing for the sweetness of revenge
Somewhere deep within
Vengeance shall be mine

A walk through the shadows
We'll soon cross the line
There is one thing for sure
You'll rise nevermore
A walk through the shadows
We'll soon cross the line
Beneath these waves you'll sleep

[Instrumental]

Beneath these waves you'll sleep ...


La ballena blanca...

Una vez intentó arrebatarme la vida, y pese a no lograrlo fragmentó mi existencia devorando una parte de mi ser. Desde entonces, mis días se han convertido en una constante caza, una incansable búsqueda por encontrar un medio de derrotarla, de someterla, de demostrar que esa criatura inconmesurable y monstruosa puede ser vencida por la voluntad de un simple ser humano.

Esa ballena blanca es mi propia vida, y como el mismo Acab, sólo acabaré comprendiendo que nunca pude haberla derrotado, que jamás hubo retribución posible por todo aquello que me hizo perder, cuando me sumerja junto a ella en el olvido...

Grey Arkhane

August 22

El día que sabía que llegaría


  

Nunca se lo diría a nadie, pero lo supo incluso antes de que su hija Susan lo llamase.

-¡Mira, papá, viene gente!- dijo, con aquella voz que sonaba como el angelical tañido de una campana, dorada como sus cabellos. La pequeña criatura se acercó correteando hacia su padre para señalarle su descubrimiento, mientras este alzaba sus cansados ojos del infértil huerto en el que llevaba trabajando toda la mañana, como todas las mañanas y las tardes incluso antes del nacimiento de Susan. Antes de la muerte de Carol. Carol...

Arnwood musitó una plegaria silenciosa. No debería haberlo sabido, pero lo sabía. Sus encallecidas manos detuvieron el movimiento de la azada un instante antes de escuchar a su maravillosa hija, y tuvo que controlar la infinita lástima que lo invadió para que ella no la viese en sus ojos cuando miró hacia el horizonte. Tres jinetes.

-¿Vendrán de la ciudad? ¿Traerán noticias? ¡Seguro que vienen a darte trabajo por el anuncio que pusiste!- Susan abrazó la pierna de su padre, cerrando los ojos en una ilusionada sonrisa. Tres jinetes, con sombreros y gabardinas oscuros y polvorientos. No podía ver sus rostros, pero ya sabía quienes eran, qué querían.
-Vamos a hacer una cosa, Sue...les daremos una sorpresa
- Arnwood la miró, con sus azules ojos vacíos de toda expresión, ocultos tras una brillante sonrisa. -Vete tras la casa y escóndete en el hueco bajo el árbol. Cuando lleguen, los llevaré hasta allí y diré: "¡os presento al hada del árbol!", entonces aparecerás y se llevarán un buen susto, ¿de acuerdo?
La niña miró con cierto recelo a su padre, con ese instinto certero que tienen los niños, pero le devolvió la sonrisa. Dulce, inocente Susan...tan parecida a su madre...
-¡Pero sólo cuando yo te de la contraseña!
-¡De acuerdo, papá!- respondió, y se fue corriendo hacia la parte trasera de la casa, donde crecía un viejo álamo a cuyos pies yacía la tumba de Carol. Arnwood rezó una breve plegaria, dejó la azada y entró en la casa.

El arcón estaba en la despensa, en un hueco tras los barriles de conservas. Arnwood lo sacó y lo desempolvó hasta descubrir su nombre tallado en la madera: C. Arnwood - "Plata". Una multitud de recuerdos se agolpó en su memoria, y el hombre de pelo canoso aferró el crucifijo que Carol le había regalado, pidiendo a su bienamado espíritu fuerzas para afrontarlos y perdón por lo que iba a hacer. Abrió la tapa. Una vieja gabardina oscura ocupaba la mayor parte del arcón. Sobre ella descansaban un resistente sombrero y un cinturón de cuero gastado, en el que había enfundados dos revólveres plateados. Arnwood tomó las prendas.

Cuando salió al exterior, los jinetes se encontraban a menos de una milla. Arnwood pudo ver sus rostros, curtidos en cien cacerías, y el brillo de las armas cuando los tres hombres apartaron los faldones de sus gabardinas para tener acceso a sus cinturones. Al fin habían encontrado al legendario Plata, por cuya cabeza aún hoy Saul Schofield ofrecía miles de dólares.

Arnwood lanzó una última mirada a la tumba de su esposa y al árbol en el que se escondía su hija, ajena a lo que iba a ocurrir. Pero él lo sabía. Lo había sabido durante los largos años transcurridos desde que conociese a Carol, desde que aquel ángel de cabellos dorados y espíritu inquebrantable lo rescatase de la perdición y le diese una familia, una vida y una esperanza...

Sabía que la redención no era suficiente, que no podía escapar eternamente a lo que había hecho en su vida. Sabía que acabaría pagando por cada pecado, por cada bala y cada gota de sangre, por todo el mal que había causado hace tantos años...

Sabía que, tarde o temprano, aquel día llegaría...

Grey Arkhane

August 20

Nada sigue teniendo sentido


  

Veo caer un océano de llamas sobre la vieja Catedral.
Lenguas de fuego ardiente, espinas del sol del ocaso,
lamen lascivas las calles de la ciudad.
Todo se desmorona a su paso,
y nada sigue teniendo sentido.

Mi latir sentenciado a muerte
ríe mientras se arroja al precipicio.
Dice que es mejor aceptar su trágica suerte
a tratar de recuperar lo perdido,
porque nada sigue teniendo sentido.

Mis dedos raspan el áspero hueso,
cálido icor resbala en mis manos.
Yo soy Caín y también Abel,
pues no recuerdo el rostro de mi hermano,
ya que nada sigue teniendo sentido.

Me baño en un mar de ceniza negra
cuyas mareas tiznan mi piel.
Nado entre los cadáveres de accidentes aéreos
de aviones que nunca construiré,
y me dicen que nada sigue teniendo sentido.

Escucho el afilado rumor del tiempo
acercarse raudo y siniestro a mi espalda.
Mientras vuelvo de nuevo a los campos,
corriendo ante hojas afiladas,
descubro finalmente que nada sigue teniendo sentido.

Grey Arkhane

August 16

Soledad


 

La pesada verja de metal cayó con un sonoro estruendo a sus espaldas, dejando encerrado al noble en el oscuro cubil. Algunas esferas de luz latían levemente en el espacio principal del mismo, una estancia circular de unos veinte metros de diámetro, apenas iluminando el lugar. El suelo de piedra estaba desgastado y ruinoso, cubierto de paja y diversos restos de caballo o venado. Una serie de verjas se distribuían a lo largo de la pared a intervalos regulares adornadas, al igual que aquella por la que acababa de entrar, por motivos afilados. Tras ellas se encontraban los cubículos de las bestias que conformaban el primer regimiento de caballería de la Casa Klyrien de Karond Hrref.

Avshrrae aguardó un instante a que sus ojos se hicieran a la penumbra y avanzó hacia una pequeña celda anexa a la entrada que acababa de cruzar. El joven elfo oscuro, hijo menor de la casa gobernante de la pequeña ciudad, había llegado hace poco de una exitosa incursión en el viejo continente. Las bodegas de las ágiles naves de su familia volvían rebosantes de riquezas y esclavos después de una larga temporada ausentes. Avshrrae sonrió: aquel éxito le había reportado numerosos beneficios, y no sólo materiales. Su estatus en la política interna de Karond Hrref había recibido un impulso incomparable, posicionándolo incluso por encima de sus hermanos mayores en la aspiración al gobierno de la ciudadela.

Una serie de palancas sobresalían de la pared de piedra en el interior de la celdilla. El noble accionó una de ellas, y una de las jaulas se abrió al fondo de la estancia. Un rugido sordo, como el retumbar de un geiser, se escuchó al fondo de la misma. Cerrando la portilla de la celda y tomando un jugoso pedazo de carne del saco que había traído consigo, salió al encuentro de su montura.

El gélido salió de su refugio haciendo retumbar el suelo a cada paso. El gigantesco saurio, de más de cuatro metros de largo, agitó su larga cola e hizo chasquear sus fauces, desentumeciéndose al pasar a la más espaciosa estancia.

-¡Soledad!-llamó el druchii, y arrojó el trozo de carne sangrante delante de la bestia. Esta se abalanzó hacia la pieza, un muslo entero de caballo, y la despachó de un par de bocados. Avshrrae cogió otro de su saco, y se acercó hacia el animal.

Soledad había sido su montura desde que era pequeño, el primer gélido en el que había aprendido a montar, aquel sobre cuyo lomo había librado su primera batalla, obtenido su primera conquista y asesinado a su primer enemigo. Durante largas décadas, el elfo y su montura habían viajado y vivido tantas experiencias juntos que habían llegado a desarrollar una especie de lazo, de conexión. Y ahora, tras largos meses en alta mar, Avshrrae había vuelto a visitar a su viejo amigo.

Lanzó otra considerable pieza de carne al animal y se colocó a pocos pasos de él, para que pudiera verlo. Los ojos rojos, dos minúsculos rubíes en el escamoso rostro verde de la bestia, se enfocaron en él...y ocurrió lo impensable: El animal se plegó sobre si mismo, tensando los poderosos músculos de los cuartos traseros y rugió amenazadoramente al que había sido su dueño y compañero durante tanto tiempo, mostrando sus aterradoras fauces.

Avshrrae, tan alarmado como irritado, retrocedió un par de pasos. Sabía que alterar a un gélido acarreaba una muerte casi segura, así que trató de tranquilizarlo con el sonido de su voz y con gestos apacibles. El noble alzó su puño y olisqueó el guante: el penetrante olor de las sustancias que los jinetes de gélido usaban para que sus bestias les reconociesen como compañeros era el mismo de siempre, no había nada mal...¿por qué entonces aquella reacción?

-Tranquilo, Soledad...cálmate...vamos, compañero...-el gigantesco lagarto seguía a la defensiva, sin dar atisbos de reconocer a su dueño, observando alerta todos sus gestos y palabras.

¿Tanto tiempo había pasado fuera, tan sólo habían bastado tres meses de ausencia para borrar años de complicidad? Avshrrae entrecerró los ojos. ¿Sería posible que alguien hubiera amaestrado al animal en este tiempo con el fin de asesinarle? ¿Realmente iría a atacarlo?

El gélido volvió a rugir, tensándose más aún. El druchii dio un par de pasos atrás, mientras mantenía su mano extendida ante él, en un gesto de apaciguamiento que parecía resultar inútil. Su otra mano se deslizó hacia la empuñadura de la espada que colgaba de su cinturón.

El eco entremezclado de un grito de guerra y un tremendo rugido resonó en todos los sótanos de la Torre de la Casa Klyrien cuando el aterrador gélido, una masa de varias toneladas de piel escamosa dotada de poderosas garras y fauces, se abalanzó sobre aquel que lo había criado y cuidado durante tanto tiempo.

Grey Arkhane


July 27

Voto de Silencio


 

Sucede a menudo que la privación nos ilumina también con la noción de la mesura, que la ausencia total nos hace ver por fin la medida en que necesitamos realmente aquello que hemos perdido. Nada nos enseña mejor que el hambre la cantidad de comida que necesitamos, nada mejor que la pobreza los gastos que son realmente imprescindibles...y nada como la muerte para revelarnos el valor real de nuestros afectos.

En estos momentos, me he quedado sin voz. La presa de la enfermedad se ha cerrado en torno a mi garganta, apagando mis palabras en el ineludible silencio febril del convaleciente. Durante tres días, en los que cada susurro se convertía en un alegórico infierno repleto de fragmentos afilados y llamas candentes, he vivido privado del habla...y ello me ha enseñado, también, algo sobre el uso de las palabras.

He aprendido que esos poderosos símbolos, con los que expresamos ideas y sentimientos, encierran un peligro en si mismos, debido a su cualidad demiúrgica y, al mismo tiempo, a su evidente insuficiencia. A lo largo de nuestra historia, hemos creado palabras para todo lo que nuestra mente era capaz de concebir, así como para todo lo que nuestro corazón y nuestro espíritu eran capaces de albergar. Sin embargo, el tapiz de pensamientos y emociones se teje y deshace a una velocidad mayor de la que podemos reflejar con palabras, y la idea que representa cada una de estas no es más que un minúsculo matiz en una mezcolanza inabarcable de tonos y texturas. Así, las palabras desglosan matices, y con ellas, como pintores más o menos expertos, intentamos construir el retrato de lo que en realidad transcurre en nuestro interior, encontrándonos también con la misma dificultad que el artista: nuestras imágenes, por muy elaboradas que sean, acaban siendo apenas una pobre interpretación de la realidad que las sustenta.

Por otra parte, el uso del lenguaje se ha convertido en el pilar de la civilización. Como en el caso del dinero fiduciario, la versatilidad de las palabras para construir realidades que de otro modo resultarían abstractas e inalcanzables ha provocado que finalmente nos hayamos acostumbrado a ponderar las ideas y los sentimientos en función del valor aparente que le otorgan las palabras que los describen, en lugar de su valor bruto(tan difícil de determinar, por otro lado). Todo ello, unido a que dicha versatilidad permite incluso alcanzar el ámbito de lo imaginario, ha acabado construyendo un intrincado laberinto psíquico para todos los dotados del don del habla en el que resulta dificil distinguir, entre la ingente marea de palabras que empleamos a diario, cuáles de estas son realmente imprescindibles, realmente trascendentes.

Sumido en este silencio impuesto por las circunstancias, reflexiono sobre este hecho, aprendiendo a reconocer el valor de mis silencios, la futilidad de muchas de las palabras usadas y la inexplicable ausencia de otras no dichas, y me encuentro deseando conocer una mejor manera, más fiel, más exacta, de transmitir lo que mi mente y mi corazón guardan o, al menos, aprender a usar la que ya tengo(esas bellas, peligrosas palabras) en la justa medida de lo correcto.

Sabiendo que quizá nunca llegue a conseguirlo me atrevo a desear, apenas por un instante, que mi voz no regrese nunca.

Grey Arkhane
July 07

Un gesto simple


 
 

Contemplo paralizado la escena, sumido en el repentino terror de quien acomete por vez primera una responsabilidad grande y terrible.

El rostro afable del Padre Thorne le sonrió pese a su estado convaleciente.
"Lo harás bien, Vict..." -su voz se ahogó entre toses. "Lo harás bien, Victor" repitió, recuperando nuevamente la sonrisa.

En estos momentos me encuentro en un soportal de una de las amplias avenidas de Avranches, una pequeña localidad francesa situada en la bahía de Sant-Michel, a pocos kilómetros del mar. Es un lugar repleto de parques y plazas, desde los que puede admirarse la maravillosa abadía de Mont Sant-Michel, encaramada en su pequeña isla. Un lugar tranquilo, que ahora mismo se encuentra envuelto en una niebla densa y espesa, y sus calles vacías muestran con mudo horror sus cicatrices mientras en sus nichos vacíos sólo resuena la desgarradora polifonía de la guerra.

Y ante mis ojos, más de una docena de hombres de mi compañía agoniza en el Jardin des Plantes, abatidos al intentar avanzar hacia el centro de la población por el fuego cruzado de las posiciones defensivas alemanas. Los pocos que quedamos vivos contemplamos enmudecidos la masacre. Sobre mi alma se abate el peso de la responsabilidad.

"Pero...pero tan sólo soy un monaguillo..."
"Vamos, me has visto hacerlo muchas ve...veces, te sabes los cánticos de memoria..." -Thorne hizo una nueva pausa para toser- "confío en tí, Victor. Eres el único que puede tomar esta responsabilidad en... este momento. Eres el único que puede oficiar la misa"
"Estarán todos allí...mirándome" -para aquel niño de catorce años, ser el único capaz de llevar a cabo la celebración más importante de aquella pequeña parroquia católica, a la que asistiría todo el pueblo, resultaba aterrador e inabarcable.

Responsabilidad...la carga que Dios delega en los hombros de los hombres, para administrar su Justicia y su Bondad. Incluso aquí, en la máxima expresión del Infierno sobre la tierra, la voz del Altísimo debe ser escuchada, debe llegar a las pobres almas que sufren el martirio ante mis ojos...y debo ser yo, como capellán de la compañía, quién les lleve el consuelo de su Amor. Pero entre sus cuerpos caídos veo alzarse la oscura figura de la Parca, aguardándome como al cordero que soy, presta para entregarme en sacrificio al Mal al que sirven las balas de nuestros enemigos. Y tengo miedo.

Con una de las viejas casullas del Padre Thorne sobre sus hábitos de acólito como único símbolo de su extraordinaria potestad, Victor salió al altar, encontrándose con la estupefacta mirada de todos sus convecinos. Tratando de reunir toda la autoridad que pudo en su aún débil voz, anunció la imprevista ausencia del párroco en tan señalado día, pero se vió acallado por el cuchicheo de los feligreses, que llenaba con su sordo rumor cada rincón de la capilla, azotando los miedos del joven monaguillo de nuevo contra él.

Tomo aire y cierro los ojos, lanzando una desesperada plegaria a las alturas, mientras mi mano se cierra en torno al crucifijo y la biblia que comparten hogar en mi cinturón con raciones de campaña y bengalas. "A tus designios me encomiendo, Señor..."

"Tengo miedo, padre...¿qué debo hacer?"
Thorne dejó que sus ojos brillaran con otra de sus radiantes sonrisas antes de responder.

Aún con los ojos cerrados, me deshago de mis miedos. Dando un paso, salgo a la plaza. Y tras ese paso, el siguiente, mientras a mi alrededor comienzo a escuchar el murmullo lejano de las ametralladoras al recargarse.
Aún con los ojos cerrados, el joven Victor recordó la letra del primer canto litúrgico. Su voz dejó escapar la primera nota. Y tras ella, la siguiente, mientras a su alrededor aún se oían los murmullos de los congregados.

Alzo en mis manos la biblia y el crucifijo mientras sigo avanzando hacia mis compañeros caídos, aún con los ojos cerrados. Los que permanecen en el soportal me gritan, pero ninguno trata de detenerme. A mi alrededor comienzo a sentir los impactos errados de los tiradores alemanes.
Alzó sus manos hacia el techo de la capilla mientras elevaba su canto a los cielos, aún con los ojos cerrados. Muchos de los asistentes callaron al darse cuenta, y algunos de ellos unieron sus voces a la de Victor, primero débilmente, pero luego cada vez con más fuerza.

Las palabras del Padre Thorne vuelven a mi mente una vez más.

"Convierte tu carga en un gesto simple"

Un gesto simple como una canción dirigida al Señor por una pequeña comunidad. Como una última oración por un alma que abandona este mundo.

Abriendo los ojos entre una lluvia de fuego, me arrodillo junto al primero de los cuerpos de mis compañeros, y musito una breve plegaria por su alma. Ninguna bala me hiere.

Grey Arkhane


May 30

Lo que había perdido


 

"¿Dónde cojones la habré puesto...?" -el susurro irritado surgió de sus labios, mezclándose con la fallidamente silenciosa cacofonía de papeles revueltos, pisapapeles desplazados, cajones abiertos, cajones cerrados, cajones vueltos a abrir, llaves encajando en cerraduras y montones de documentos llevados suavemente de una silla a otra.

Las manos de Anselmo rebuscaron en viejas cajas y revolvieron papeles que levantaron una pequeña nube de polvo al ser sacados de su eterno descanso en lo alto de la gran estantería que ocupaba toda una pared del confortable despacho doméstico. La única luz de la estancia era la proveniente de la lámpara del escritorio. Sombras danzantes, como de burlescos diablillos hechos de oscuridad, se escabullían por rendijas y rincones, huyendo del débil pero persistente halo para ir a esconderse en los lugares más insospechados.

Anselmo no les prestaba atención. Eran las cuatro y diez de la madrugada cuando despertó alterado por un funesto presagio, de esos que uno sabe que no le dejarán pegar ojo hasta ser resueltos, urgiendo inmediatamente a la acción. En cualquier otro momento, compartiendo un café entre amigos en cualquier bar, quizá se le hubiera ocurrido compararlo con el ruido de un mosquito, capaz de generar la suficiente tensión en el candidato a durmiente como para hacerlo permanecer despierto hasta consumar su caza y captura. Pero en aquel momento, Anselmo sólo podía pensar en encontrar el objeto de su repentina obsesión nocturna.

Asaltado por las dudas, se había evadido del abrazo de su esposa y levantado de la cama en un prodigioso alarde de sigilo, había pasado por el servicio y por la cocina(visitas obligadas en toda expedición nocturna que se precie) y, dirigiendo una mirada entre pensativa y somnolienta a la noche de Madrid, se puso a cavilar sobre el paradero de tan valioso bien: ¿En la habitación? Sí, sería lo más probable, pero no quería despertar a Elvira...Miraría en el salón primero, en el despacho...no la habría guardado en la caja fuerte con los documentos del piso, ¿verdad?

Cuarenta minutos después, revisaba por segunda vez el escritorio y las estanterías del pequeño habitáculo, sintiéndose cada vez más frustrado con la situación. "Tiene que estar en la habitación, no puede ser de otra manera..." -asiendo el mango de la linterna como si fuera el pomo de una espada, Anselmo dirigió sus pies descalzos por el pasillo, de vuelta a la habitación.

Minimizando el ruido emitido por sus movimientos, miró primero en los cajones de la mesita de noche y en las estanterías, atento a posibles cambios en la respiración sosegada de su esposa, que aún dormía en la cama. Nada, allí tampoco...¿no la habría perdido? El repentino temor cruzó por su corazón como una descarga de alto voltaje, haciendo brotar gotitas de sudor frío en su piel, que se condensaron en una única porción de humedad que bajó reptando por su espina dorsal, provocándole un escalofrío. Olvidándose del sigilo, abrió las puertas del armario y empezó a apilar montones de ropa en un rincón.

"Cariño...¿qué haces? Son las cinco de la mañana..." -dijo una voz de mujer a su espalda, recién salida de verdes paisajes y recuerdos antiguos, balbuceando las palabras entre ronroneos somnolientos. En quince segundos, se convertirían en rugidos de ira.
"La busco..."
"¿El qué?" -diez.
"Mi alma. No sé donde la puse. La busqué por toda la casa y no está."
"Claro que no, amor... Te la pidieron prestada hace unos días..." -Anselmo detuvo el entrópico traslado de ropa. ¿Había oído bien?
"¿Prestada? ¿Quién?"
"Madrid. Se la llevó mientras estabas con el papeleo..."
"Oh, las cuentas de producción..."
"Esas."
"Cago en diez..."

A la mañana siguiente(apenas un par de horas y media después), Anselmo se despidió de Elvira con un beso, correspondido con un desganado golpe de almohada, y salió a la ciudad dispuesto a recuperar lo que había perdido.

Grey Arkhane
March 17

Time Stand Still...


  

"Morgoth salió, subiendo lentamente desde el trono profundo, y el sonido de sus pisadas era como un trueno bajo tierra. Y salió vestido con una armadura negra; y se erguía ante el Rey como una torre coronada de hierro y el vasto escudo, negro y sin blasón, arrojaba una sombra de nubes tormentosas. Pero Fingolfin brillaba debajo como una estrella; porque la cota de malla era de hilos de plata entretejidos, y en el escudo azul llevaba cristales incrustados; y desenvainó la espada, Ringil, que relució como el hielo." - El Silmarillion, J.R.R. Tolkien

"Tres veces cayó el Rey de rodillas y tres veces se volvió a levantar con el escudo roto y el yelmo mellado." - El Silmarillion, J.R.R. Tolkien
 



Light fails at dawn
The moon is gone
And deadly the night reigns

Deceit

Finally I've found myself
In these lands
Horror and madness I've seen here
For what I became a king of the lost?
Barren and lifeless the land lies

Lord of all Noldor
A star in the night
And a bearer of hope
He rides into his glorious battle alone
Farewell to the valiant warlord

The Fate of us all
Lies deep in the dark
When time stands still at the Iron Hill(2x)

I stand alone
Noone's by my side
"I'll dare you
Come out
You coward
Now it's me or you"

He gleams like a star
And the sound of his horn's
Like a raging storm
Proudly the high lord
Challenges the doom
Lord of slaves he cries

Slowly in fear
The dark lord appears
"Welcome to my lands"
"You shall be damned"

Lord of all Noldor
A star in the night
And a bearer of hope
He rides into his glorious battle alone
Farewell to the valiant warlord

The Fate of us all
Lies deep in the dark
When time stands still at the Iron Hill
(2x)

The iron crowned
Is getting closer
Swings his hammer
Down on him
Like a thunderstorm
He's crushing
Down the Noldor's
Proudest king

"Under my foot
So hopeless it seems
You've troubled my day
Now feel the pain"

Lord of all Noldor
A star in the night
And a bearer of hope
He rides into his glorious battle alone
Farewell to the valiant warlord

The Fate of us all
Lies deep in the dark
When time stands still at the Iron Hill(2x)

The Elvenking's broken
He stumbles and falls
The most proud and most valiant
His spirit survives
Praise our king
Praise our king
Praise our king
Praise our king


Con cada amanecer, todo ser humano se enfrenta a sus propios miedos, oscuros y terribles. Y así, día tras día, cada uno de nosotros toma la misma decisión: Sucumbir al oscuro manto de la desesperación, o convertirse en la diminuta luz que le plante cara.

¿Qué has elegido tú hoy?

Grey Arkhane


 
Photo 1 of 24