| Grey's profile<[-[ El Bastión de los A...PhotosBlogLists | Help |
|
October 15 Mutabilidad[Planets] No se atrevió a dar el siguiente paso. Permaneció quieto, expectante, congelado en un repentino rictus de sorpresa y terror. No sabía cómo había ocurrido, ni por qué...de hecho, no sabía realmente qué había pasado a su alrededor, pero aquel cosquilleo en la nuca, que se deslizaba de una manera inquietantemente eléctrica por su columna vertebral , le hacía pensar que, de repente, podía haber sucedido algo. Algo importante, algo grave. Algo que no debería haber sucedido. No era más que un extraño presentimiento, pero aunque todo pareciese estar como siempre, sabía que todo había cambiado...más bien, se corrigió, que todo había empezado a cambiar. Otra vez. Y esa presión invisible sobre sus terminaciones nerviosas le decía que seguiría haciéndolo, y que en su mutación convulsa la realidad le arrastraría de nuevo al caos de la incertidumbre, a la soledad del náufrago en el abismo, al desconcertante caleidoscopio del cambio, donde no podría encontrar nada a lo que aferrarse... Por eso aún seguía quieto, alerta, esperando el próximo movimiento de aquella realidad que, en los márgenes de su campo de visión, ya empezaba de nuevo a ondular, curvándose sobre si misma, reverberando como una disonancia para sus sentidos... Y poco a poco sintió como un proverbial susurro de rocas iba deslizándose sobre su cabeza, arrastrando entre guijarros el preludio de su nombre, y de pronto se encontró mirándole cara a cara a la insondable profundidad de lo imprevisible... Grey Arkhane October 07 La sonrisa de Cheshire[Embers] A veces(en más ocasiones de las que debiera, por otra parte) me da por mirar atrás, buscarme un rincón tranquilo, abrigado por el rumor nocturno y las melodías que resuenan con sus ecos en los trasteros de mi mente, y dejar vagar los pensamientos que el día a día apilan bajo toneladas de tareas, conversaciones y ajetreo en general. Una especie de puesta al día de las cosas que se quedan en ese cajón del escritorio en el que acaban todos aquellos papeles que no leemos por falta de tiempo, sin llegar a encontrar nunca el momento adecuado para dedicarles atención. Los que me conocen, o al menos están al tanto de mis hábitos y costumbres más frecuentes, saben de sobra acerca de estas divagaciones nocturnas...o también los que lleven algún tiempo leyendo las páginas inexistentes de este blog, que en los últimos tiempos parece haberse perdido en una marea de historias que son la mía propia, pero que en ocasiones parecen demasiado formales, demasiado artificiosas para lo que quiero contar. En esos momentos de calma, como este, en los que todo a mi alrededor parece retirarse un par de pasos y dedicarse a sus quehaceres, concediéndome un pequeño pero agradecido espacio, esos momentos de la madrugada en los que muchos duermen y otros, noctámbulos como yo, aprovechan ese rincón otorgado para escapar por unos momentos del fragor de la carrera diurna a la luz de Selene, que hoy se muestra al cielo como una sonrisa sin rostro, suspendida en mitad del manto nocturno, es cuando hago memoria y exámen de conciencia, para guardar lo valioso y abandonar al aire cortante del otoño lo que ya no necesito. Es también cuando surgen las preguntas de las que no puedo escapar, esas infatigables perseguidoras que siempre buscan respuesta y nunca se conforman cuando la encuentran. A lo largo de los años, ese montón de cosas por hacer, de tareas pendientes para conmigo mismo, ha ido menguando, recortado por la mano amable pero firme de la experiencia, aunque también apuñalado con frecuencia por la salvaje garra del desengaño. De una manera u otra, las cosas en las que pensar se han ido difuminando poco a poco en el tapiz del tiempo, y con ellas los paseos nocturnos por los campos de mi mente y mi corazón. Y hoy, vuelvo a encontrarme solo mirando en el horizonte las luces brillantes de edificios lejanos y las siluetas de las abandonadas torres de cristal y acero del centro de la Capital, cascarones vacíos y resecos que dominan como túmulos el paisaje urbano, y que al alba volverán a llenarse de vida frenética y breve. Vuelvo a encontrarme solo conmigo mismo, y a ojear los álbumes de mi memoria. Me asombra y me asusta y me maravilla lo distinto que soy de mi mismo, sin dejar de ser yo, y me doy cuenta de que ya no parecen quedar preguntas sin cuya respuesta no pueda vivir conforme. De repente me encuentro en un punto y aparte, y sé que hasta esta costumbre ya no es la misma costumbre, alterada por el ouroboros de que la mera observación de un hecho lo cambia, cuando el observador y lo observado son lo mismo. Y sé que estoy satisfecho con lo que tengo, y feliz con lo que no, y que no hay anhelo cuya consecución pueda ahuyentar la sensación de que las cosas habrían podido ser distintas...porque de pronto comprendo que siempre pensé en lo que podría haber sucedido, y nunca en lo que desearía que hubiera sucedido, y con una sonrisa me reprendo por todas esas veces en las que dejé que esas posibilidades irrealizadas me hicieran sentir desdichado al confundirlas con deseos. Miro a la Luna de nuevo, flotando sobre el oscuro vacío con su resplandor afilado, una sonrisa de Cheshire que no logro saber si es de comprensión o de burla, y me encojo de hombros. Posiblemente en unos años todo haya cambiado de nuevo, y recuerde con extrañeza esas noches en las que miraba al cielo y pensaba que todo parecía estar suficientemente bien. Pero ya se sabe...al final ocurrirá todo lo contrario a lo que cualquiera pueda esperar... "-¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí? -Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar - dijo el Gato. -No me importa mucho el sitio... - dijo Alicia. -Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes - dijo el Gato. -...siempre que llegue a alguna parte - añadió Alicia como explicación. -¡Oh, siempre llegarás a alguna parte - aseguró el Gato -, si caminas lo suficiente!" - Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas. Grey Arkhane |
|
|