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    November 04

    El lugar al que regresaré algún día...

    Paseo despacio por las salas vacías de este Bastión, como quién pasea entre las tumbas anónimas de un cementerio. En estas salas repletas de columnas ya no se escuchan ecos de susurros, ni se cuentan historias alrededor de los fuegos que ardían en los braseros. Ahora sólo quedan cenizas en ellos, y silencio en el aire.
     
    Los Ahsuui, moradores más antiguos que el mundo, se han marchado, y con ellos la eterna Guardia que custodiaba este lugar al márgen de lo cotidiano. Ya no mana agua de las fuentes en los iluminados jardines, ni las ideas se esconden en los nichos de los lúgubres pasillos. ¿Por qué?
     
    Quizás, simplemente, porque tenía que ser así. Porque ha llegado un punto en mi eterna búsqueda de respuestas en el que me he dado cuenta, por fin, de que ya tengo todas las que necesito, y de que no tiene sentido hacerse más preguntas, cuando responderlas, o no, no tendrá realmente importancia.
     
    Será porque mi vida ya no es una tragedia(y, por supuesto, tampoco una comedia, nunca lo fue ni lo será), sino, simplemente, una vida. Será porque he encontrado una razón que le de sentido, y que me de sentido a mi mismo, una definición de mi persona y mi existencia, un motivo para ambas, y ya no dude más acerca de quién, por qué o para qué soy.
     
    Me siento a la sombra de un viejo roble, en el centro del Patio de Armas, y me doy cuenta de que ha llegado el momento de abandonar este lugar, de que esta guía invisible, este foro interior, se ha quedado vacío porque ya no hay nada que discutir, porque ya no queda nada por aprender de mi mismo, y sí mucho de los demás.
     
    Así pues, recojo mis cosas en una mochila, y con ella a la espalda cruzo las altas puertas de entrada, sin mirar atrás. Puertas que quedan abiertas, pues el Bastión permanecerá para que yo vuelva a él cuando decida pasear entre sus muros vacíos, o cuando nuevas e inesperadas preguntas aparezcan sin respuesta para atormentarme. Puertas que quedan abiertas también para que aquellos otros que alguna vez pasaron por este lugar vuelvan a contemplar las historias grabadas en sus frescos, y a tallar en ellos las suyas propias.
     
    Bajo hasta la cala entre los acantilados que rodean la Torre, y suelto las amarras del pequeño velero que me llevará más allá del mar, a otro lugar en el que aprender, sabiendo, por fin, quién soy realmente.
     
    Hasta pronto, Ahsuui.
     
    Grey Arkhane