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November 26 El Doctor Insomnio - Acto VIII: El camino de vuelta a casa[Null Moon] “Una ardilla con sombrero”, “¡un oso en bicicleta!”, “un coche de carreras”, “...no sé...parece un hombre con gabardina...¿un detective?”, “un barco...¡y otro! Papá, ¿por qué siempre hay barcos en las nubes?” “Quién sabe, Paula, igual el cielo es un buen lugar para navegar” “¡Sí!”, la niña sonríe de oreja a oreja, dejando ver los dientes nuevos que comienzan a nacer en los huecos dejados por los de leche. “Y los pájaros son como los peces...” Miguel y Sara quedan en silencio, disfrutando de la brisa de media tarde mientras contemplan las nubes pasar y Paula medita, concentrada en como sería la vida en alta mar...en alto aire...bueno, eso... Mira a sus padres de repente, como para comprobar que siguen allí. Le gusta que estén con ella, tumbados en la hierba...qué verde...si mira bien, puede ver hormigas entre ella. Se pregunta si las hormigas sabrán que hay barcos en el cielo... El sol también brilla por ahí arriba, entre las nubes, y se oyen pájaros en la arboleda cercana. “Es un sitio bonito”, reflexiona Paula. “Podríamos quedarnos aquí a vivir, y construir una casa entre los árboles...y hacerle señales a los barcos del cielo, ¡igual lográbamos invitar a algún capitán a tomar limonada!” La idea vuelve a pintar una sonrisa desdentada en su cara, y un capricho comienza a inquietarla. “Mamá,
¿podemos volver a casa?” Antes de que puedan darse cuenta la niña ya está de pie, dando saltos a su alrededor. Sara besa en la mejilla a Miguel, y ambos se levantan. Paula se detiene un momento, confusa, y se vuelve a mirarles con el ceño fruncido. “No sé por donde se va”, comenta enfurruñada. Sus padres se ríen. Miguel le revuelve el pelo antes de subirla a caballito y bajar los tres juntos la suave ladera de la colina, hasta la arboleda. Allí dentro se está fresquito, a la sombra de las ramas. Después de caminar durante diez minutos llegan a un claro, en un extremo del cual hay un arco de piedra, con extrañas letras pintadas en él. No, no están pintadas...están arañadas... Su
padre la hace desmontar, y le da la mano. “Vamos”, dice. ***** El sonido de la máquina se vuelve monótono, repetitivo, estridente, cuando el corazón de Paula deja de latir. Antes de que los enfermeros entren corriendo en la habitación, el hombre que está sentado a su lado acaricia su pelo una última vez, dejando que un par de lágrimas escapen de sus ojos. Sin mirar atrás, a la cama de sábanas verdes, recoge de la mesilla una máscara blanca y desaparece en la noche de Aquillan, a través de la ventana... Grey Arkhane
November 24 El Doctor Insomnio - Acto VII: Su verdadero rostro[Pulsating Ambience] Su cara era como la de un niño. Alberto dormía feliz, arropado en su cama, junto a su mujer. Una respiración sonora pero suave escapaba de sus labios, curvados en un atisbo de sonrisa. Sus sueños parecían ser felices, un reflejo de su vida: Los retratos colgados en la habitación lo mostraban sonriente junto a su familia y amigos, abriendo una botella de champán en la inauguración del bufete o llevando con orgullo la toga el día de su graduación, hace ya varias décadas. Su rostro apenas sí se había arrugado, y pocas canas habían teñido su pelo rojizo de blanco. A sus cuarenta y cinco años, seguía teniendo el mismo rostro brillante y bondadoso de ojos claros que tuviera en su juventud. Los otros recuerdos que poblaban la habitación hablaban de una vida plena y satisfactoria, que todo el mundo envidiaría. Varios premios y placas se distribuían por la estancia, desde conmemoraciones hasta trofeos deportivos, algunos suyos, otros de sus hijos, el mayor de los cuales ya seguía los pasos de su padre en Derecho. Los muebles resultaban discretos, funcionales, prácticos, llenos de libros acumulados tras décadas de lectura empedernida y de archivadores con documentos de casos que se habían cerrado hace años, pero cuyo recuerdo seguía encerrando una lección. El rostro del durmiente parecía reflejar todo esto, conforme a sus propios sueños, conforme a su propia vida. Una almohada se hundió repentina y salvajemente contra su cara, empuñada por una mano enguantada. Los gritos empezaron casi al instante, apenas audibles a través de la densa almohada, un zumbido sordo y distante que nadie salvo el hombre de la máscara oía. Alberto comenzó a patalear y a dar manotazos, intentando librarse de la presa que lo agarraba férreamente, pero el enmascarado no aflojó la presión. Al cabo de unos segundos, los gritos cesaron, al acabarse el aire que los alimentaba, y los violentos movimientos del hombre se transformaron en los discretos espasmos de los moribundos. El Doctor levantó la almohada, dejándola a un lado, para revelar un rostro desfigurado en una horrenda mueca de ira y terror, con los ojos azules abiertos, mirando fijamente al espejo de la muerte. Así era su verdadero rostro, su otra cara...El Doctor sabía mejor que nadie la naturaleza que escondía el alma humana tras su apariencia de bondad e inocencia, y había ocasiones en las que la Justicia no podía limitarse a los sueños. El Doctor había visto los sueños de Alberto, su verdadera naturaleza, y sabía que tenía que pagar por ello...pero...otros tenían que saberlo también. ***** Esa noche, Ana tuvo una pesadilla horrible. Vio miedo y
sufrimiento, viejos trasteros en los que lloraban niños encerrados, desnudos y
magullados, que se apretaban contra las esquinas, gritando de puro terror, cada
vez que se abría la puerta. Algunos de ellos simplemente permanecían en un
rincón, abrazados a sí mismos, mirando a algún lugar que nadie más veía con
ojos vacíos, perdidos...inhumanos...pero su destino era el mismo que el de los demás.
Vio corredores húmedos y sucios, y habitaciones con colchones viejos y ajados,
y mesas sobre las que había correas, pinzas, cadenas, y otros aparatos de los que
no supo averiguar su utilidad. Y sintió terror, el mismo terror que aquellos
niños, cuando en la habitación entró un hombre trajeado.
Un hombre trajeado, de ancha sonrisa, pelirrojo como el fuego y ojos
claros que, de algún modo enfermizo, dejaban traslucir la más pura y sincera
felicidad... Grey Arkhane November 22 El Doctor Insomnio - Acto VI: Vox Populi[Maternal Heart] SORPRENDENTE RESULTADO EN EL PLENORechazada la nueva Directriz de Infraestructuras y Utilización del TerrenoTras una inusualmente breve asamblea en el Ayuntamiento de Aquillan, la Directriz de Infraestructuras y Utilización del Terreno ha sido finalmente rechazada por el voto en contra de los partidos de la oposición y una sorprendente abstención del partido gobernante, sin la presencia del Alcalde, “fuertemente indispuesto” desde hace varios días, como aseguran fuentes cercanas. La polémica ley, amparada en las carencias infraestructurales de la urbe, añadiría más de 100 km2 al terreno edificable de la ciudad, permitiendo así su expansión estructural. Diversos grupos y asociaciones ecologistas han protestado enardecidamente en contra de esta ley desde su proposición por parte del partido del gobierno, ya que esta expansión del mapa urbanístico supondría un recorte de diversas zonas naturales cercanas, de considerable valor medioambiental, generando un impacto ecológico que los representantes de dichas organizaciones tildaban de “gravísimo”. Los concejales de la oposición se pronunciaban al respecto. “Lo que han hecho es impensable a nivel político, de una moralidad intachable e inaudita”, dice Francisco Cantina. “Es una locura...una bienvenida locura”, opina, atónito, el portavoz del Partido Advantista Eduardo Castellano. Los miembros del partido de la alcaldía se negaron a prestar declaración alguna, achacando su inesperada posición al respecto a “decisiones de partido”. Tampoco ofrecen demasiada información acerca del estado del Alcalde, dejando la explicación de su ausencia para una rueda de prensa que se espera pueda dar en unos días. “Su vida no corre peligro, pero ha sido un molesto contratiempo...para todos”, dice al respecto la secretaria Soledad Jiménez. “En breve volverá a retomar su agenda pública”, asegura. Eduardo Arconte, Agencia Hermes. ***** Sentado en su escritorio, a oscuras excepto por la luz de la pequeña lámpara que ilumina su superficie, Ernesto Hernán tiembla, con la mirada fija en algún punto de la pared de su despacho, mientras aferra con ambas manos el asiento de la incómoda silla de madera en la que está, la cual ha sustituido al sillón de cuero que normalmente ocupaba. Tazas de café, cajas de pastillas e incluso una jeringuilla usada se confunden sobre la desordenada mesa con agendas, papeles oficiales y estilográficas, revueltos en un amasijo caótico. Un reflejo luminoso y sonriente de si mismo le mira desde un portarretratos con el cristal astillado. Una risita histérica sale de sus labios resecos al reconocerse tras unos instantes en él. Su despacho se encuentra en el mismo estado que el escritorio que forma parte de él. Los cuadros torcidos, algunos en el suelo, comparten los rincones oscuros con el sillón rechazado, que agoniza roto y destripado en un rincón. El suelo está lleno de papeles y documentos, hechos trizas, garabateados, arrugados, quemados o simplemente caídos. El ambiente es húmedo y cargado, y un olor fuerte, a medio camino entre el sudor y la enfermedad, impregna el ambiente. Pero Ernesto no se da cuenta. Tan sólo es capaz de agarrarse a su silla, como si fuese su última oportunidad de supervivencia, y de soltar un aterrado alarido cuando una ráfaga de viento abre la ventana, haciendo ondear las desgarradas cortinas. Sollozando como un niño, Ernesto suplica piedad, le pide al vacío clemencia, y entre lloros infantiles ruega a la muerte que venga a por él, mientras el cansancio de los últimos tres días se acumula sobre su persona, enturbiando su percepción, invitándolo a cerrar los ojos... “No, no...”, susurra entre lágrimas, “antes la muerte que volver allí...”. Pero es en vano. Su cuerpo sucumbe frente al agotamiento, incapaz de hacerle frente pese a las drogas que saturan su sangre. Lo último que ve, antes de dormirse, es una figura enmascarada junto al marco de la ventana, que parece susurrarle: “has tomado la decisión correcta, Ernesto...buenas noches”. Y, por
primera vez en muchos días, Ernesto Hernán, Alcalde de Aquillan, duerme...sin
soñar. Grey Arkhane
November 19 El Doctor Insomnio - Acto V: Nunca olvides[Melancholy Requiem] La mañana de domingo era perfecta. El sol brillaba sin apretar, en un cielo azul repleto de nubes blancas y algodonosas, mecidas por la brisa. Sus pulmones arden por el cansancio y el sudor recorre su frente y sus brazos, pero Carlos no piensa en ello, sumergido en la música de sus auriculares mientras recorre el último tramo de su tercera vuelta al Parque del Sur. Se detiene junto a la fuente, delante de una de las cuatro puertas enrejadas que dan entrada al parque, para refrescarse y descansar durante unos instantes. Hace un par de estiramientos, rellena el botellín de agua y cambia de disco en el mp3, sin apenas preocuparse por la gente mayor que comienza a llegar a esa hora al parque, los grupos de niños ruidosos que corretean de aquí para allá en un alocado frenesí o de los otros que, como él, aprovechan esas horas del fin de semana para hacer algo de ejercicio.
Silbando el estribillo de lo que suena en sus oídos, se pone de nuevo en marcha por la calle de tierra que rodea el perímetro del parque, entre la verja negra y la espesura de castaños y abedules. Son las once de la mañana, y el parque empieza a llenarse de gente. Sin detenerse, Carlos abre el botellín y bebe un trago. El sabor fuerte y amargo del alcohol arde al bajar por su garganta, haciéndole sentirse bien. “¿Qué?”, Carlos mira extrañado el botellín, encontrando en sus manos una botella de cristal, de etiqueta negra, en cuyo interior se balancea un líquido tostado. “¿Qu...” De repente, sus piernas dejan de responder, como si nunca hubieran estado allí, y Carlos se precipita hacia el suelo. Lo último que siente son los trozos de cristal contra su cara y sus brazos, antes de perder el conocimiento. ***** Es la una de la madrugada. La carretera se extiende ante él, iluminada por los faros del Ford, envuelta por las sombras de los árboles que se mecen con el viento nocturno. En una hora estarán de nuevo en la Capital, en casa, después de una larga noche de fiesta en Alcaudón de la Torre. Sus compañeros de faena ríen despreocupadamente a su alrededor, menos Pablo, que duerme en un rincón del asiento trasero. A Carlos le toca conducir. “Estás muy serio, Carlitos...” le dice Lucía, con un tono
siseante que delata las copas que se ha tomado, mientras saca de la guantera
una de las botellas de ron que han sobrevivido a la noche. “¿Seguro que no
quieres un poco?” Carlos la mira de repente, asaltado por un recuerdo que no sabía que tenía. “¿Accidente?” musita, paralizado por el horror. Sus amigos están cubiertos de sangre y trozos de cristal, Pablo está empalado por una barra metálica, y todos ellos le miran con el mismo rostro: una máscara blanca con un reloj de arena en la frente. Lucía alza un brazo, que se dobla por más de un codo, y señala hacia la carretera. Dejando escapar un largo alarido de horror, la mirada de Carlos se encuentra con el quitamiedos de la curva, demasiado cerca. Intenta frenar, pero sus pies no responden, no puede sentirlos. “No olvides lo que hiciste”, le susurra una voz de muerta en su oído. Carlos intenta no imaginar el rostro destrozado y sanguinolento bajo la máscara blanca, y lo último que siente son los trozos de cristal contra su cara y sus brazos, al atravesar la luna delantera. *****
El alarido despierta a Pedro, que entra corriendo en la
habitación de su hermano. Grey Arkhane November 17 El Doctor Insomnio - Acto IV: Depredadores[Ashes and Ghosts] Los ojos de Javier eran apenas dos rendijas azuladas, imperceptibles entre el verde de la foresta. Permanecía tenso, en un silencio jadeante, con cada uno de sus músculos alerta y el fusil preparado. Su cara, camuflada con manchas verdosas, más parecía de piedra que de carne. Javier era un depredador, un asesino de instinto y aplomo felinos. Había nacido para ello, se había educado para ello, le habían entrenado para ello. Matar era su vida. Era un depredador. Un depredador acorralado. El chasquido de las hojas veinte metros al sudoeste es como un pistoletazo de salida: En un salto elástico y potente, Javier cae a la calzada y corre al otro lado, hacia el río, mientras la guarnición atónita de milicianos armados ve pasar al espectro verde de la muerte ante ellos, sin darles tiempo a reaccionar. Cuando los disparos empiezan a volar por encima de su cabeza, desconchando árboles y abatiendo helechos, sólo cinco metros separan a Javier del embarcadero. Con dos quiebros expertos los dos centinelas caen bajo sendos machetazos, sin que puedan hacer nada para evitarlo, y otro más libera una de las barcas amarradas, el salvoconducto a la libertad. Los primeros milicianos lanzados en su persecución llegan al embarcadero demasiado tarde, mientras Javier rema a toda velocidad río abajo. Cualquiera podría pensar que había sido cosa de suerte, de que la fortuna había jugado todas las bazas a su favor. Pero Javier sabía la verdad: Su vida era ese juego, entre la vida y la muerte, en el que sólo él o su enemigo podían vivir...pero nunca los dos. Era un depred... Destensándose como un arco, soltando el remo casi después de agarrar de nuevo el cuchillo de su cinturón, Javier se gira en un salto hacia atrás, lanzándolo hacia la máscara blanca del inesperado ocupante de su embarcación...y lo pierde. Antes de que el instinto deje paso a la razón y pueda preguntarse quién era, de qué bando y cómo había llegado allí si la barca estaba vacía cuando la cogió, un empujón lo lanza a las frías aguas... La última parte de su sueño aún permanece confusa cuando Javier despierta en su cama. La sensación de confusión le acompaña mientras su mente empieza a recordar. Son las seis, aún no es hora de ir al instituto. Asco de instituto...sólo le hace perder tiempo, la vida real no tiene nada que ver con matemáticas, o literatura. La vida real, más allá de esa hipocresía en la que viven los ciudadanos de a pie, es pura supervivencia: si eres una presa, mueres. Si eres un depredador, matas. Matas. Javier recuerda entonces lo que hizo ayer, mientras nota la costra seca en su ropa. Un vistazo rápido a la cocina confirma sus sospechas. Los cuerpos descuartizados de sus padres y su hermana aún permanecen allí, tiñéndolo todo de un tono rojo cada vez más oscuro. Iban a enviarle a un psicólogo. Querían que aceptase sus mentiras, que viviese según esa hipocresía que atrapaba a todos aquellos demasiado débiles para enfrentarse a la realidad. Pero él no es así. Él es un depredador, y ellos eran presas. Las primeras. Javier sonríe. “Mala elección”, dice una voz triste y oscura, que guía sus ojos hasta el hombre apoyado en el marco de la ventana de la cocina. Javier coge el mismo cuchillo con el que asesinó a sus padres y se lo lanza, pero él lo rechaza con la misma facilidad que en su sueño. “Bienvenido a la realidad, Javier”, dice antes de dejarse caer por la ventana. Es entonces cuando los golpes suenan en la puerta, y Javier recuerda el resto del sueño. Capturado, atado, el depredador se convierte en trofeo, y es apresado, juzgado, por sus enemigos, por las presas. Él, el asesino perfecto, es enrejado y aislado, y durante años se pudre en soledad, impotente, hasta que, de nuevo libre, ya no es sino un despojo, tan distinto a la máquina de muerte que fue, tan parecido a uno de esos ancianos débiles y enfermos a los que esa sociedad hipócrita permite existir... Javier llora de rabia. Los golpes siguen sonando, cada vez más insistentes. “¡¡Policía, abran la puerta!!” Grey Arkhane November 14 El Doctor Insomnio - Acto III: Lo que siempre deseó[Tears of...] Laura no puede estar más enamorada. Vestida de blanco ante el altar, mira a los ojos de Jaime, su futuro esposo, y recuerda todos los momentos juntos como si acabase de vivirlos. Todos los bombones, las flores, los susurros al oído bajo la luz de la luna. Y su sonrisa...No cabe en si de gozo, no puede esperar a arrojarse entre sus brazos y llenarlo de besos... Le devuelve la sonrisa, y mira discretamente hacia atrás. Allí están todos: Sus padres, sus tíos, hasta su hermano, del que no tenía noticias desde hace años, sus abuelos, tal y como los recordaba antes de que muriesen, y otros tantos familiares cuyos nombres no lograba encontrar en su memoria. Todos están tan felices como ella, puede notarlo, iluminados por la cálida luz que entra por las vidrieras de la catedral. Palomas blancas se habían colado por los enormes portones abiertos, y comparten con ellos la ceremonia, animándola con sus arrullos. Laura acaba de pronunciar sus votos y mira al sacerdote, que le devuelve la mirada desde detrás de su máscara blanca, con el Reloj de Arena en la frente, antes de darles permiso para besarse. No hay nada que pueda desear más. Sin perder un segundo, se lanza a los brazos de su marido y cierra los ojos para recibir sus labios. Cuando los abre, es siete años más vieja, y siente un intenso dolor en la cara. Está tumbada(“no, tirada”, piensa) en el suelo, y al alzar la vista se encuentra a Jaime. Su amor. Está borracho otra vez(“¿otra vez?”), y la mira con odio. Sus palabras son una mezcla ininteligible de rencor, fracasos y violencia destilada, como gotas de veneno, y siente cada insulto como un golpe en la boca del estómago. Laura llora con toda su alma, antes incluso de que la mano de él vuelva a bajar hacia su cara. Las lágrimas la ciegan de nuevo. Vuelve a abrir los ojos, y ya no hay lágrimas en ellos. Han pasado otros cinco años(“¿cómo, cómo había aguantado?...por amor. ¿Seguía amándole realmente?”), y Laura está tumbada en la cama, mirando sin ver hacia la mesilla de noche. Él había vuelto a despertarla al llegar, arrancándole el camisón antes de desnudarse. Ella le había dejado. Conocía la alternativa y sabía que el resultado iba a ser el mismo, con más dolor. Los años le habían enseñado a llevar su mente lejos de él, lejos al pasado. No nota el aplastante peso de Jaime, dormido sobre ella, ni su olor a tabaco y alcohol: Sus pensamientos vagan en torno a la foto que descansa sobre la mesilla, la foto del día de su boda. Por alguna razón, el sacerdote parece mirarla directamente a ella, a través de los años. Incapaz de soportar su mirada, cierra los ojos de nuevo, deseando dormir para siempre, deseando poder volver atrás, deseando...deseando lo que no puede tener. Laura despierta con un grito largo, desgarrador...el grito que hace un corazón al romperse. Llora un mar de lágrimas, arrancando a su novio Jaime de sus propios sueños, y cuando este intenta consolarla Laura grita de nuevo, regalándole un mar de golpes. Él no cede, y trata de calmarla. La única respuesta que recibe es el golpe de una lámpara que le abre la cabeza, dejándolo muerto en el suelo de la habitación de hotel. Desde una azotea cercana, un hombre con gabardina oscura y máscara blanca, en cuya frente luce el símbolo de un Reloj de Arena, asiente en silencio mientras los gritos histéricos de Laura resuenan en mitad de la noche... Grey Arkhane November 13 El Doctor Insomnio - Acto II: Crimen y Castigo[Traversing the Portals of Reality] Juanjo tiene dudas. Está de pie, frente al mostrador de la caja central, con una mano en el bolsillo donde guarda el revólver que logró comprarle a los rusos. Lanza una mirada nerviosa a Julio y Nacho, que le sonríen. Sólo hay un guardia, y necesitan la pasta. Julio le hace un gesto de saludo, intentando transmitirle confianza. Llega su turno. Saca el arma, y apunta al hombre de la ventanilla, transformando sus nervios en una orden imperiosa. La gente grita y se tira al suelo, y Nacho tumba al guardia con la culata de su arma, mientras Julio pasa a las oficinas, saliendo de ellas al cabo de unos momentos, con cuatro bolsas de tela bastante llenas y un par de cintas de video. "¡VAMOS, VAMOS!"-grita, y a toda prisa sale por la puerta. Juanjo no puede evitar sentirse inquieto ante la calma expectante con la que le mira el cajero de la máscara blanca. Le dispara, pero no se inmuta. Ni siquiera sangra. Durante un momento mira su pistola, pero nada parece estar mal. Sin tiempo para preocuparse más por ello, echa a correr tras sus colegas. Cuando sale a la calle, sus amigos ya le esperan en el Ford robado a la entrada. Le gritan cosas que no entiende. Por alguna razón, todo parece ir más despacio desde que salió del banco, y lo único que realmente nota es el dolor en la pierna que lo hace caer al suelo, y la sangre que lo tiñe todo de rojo. "tío,
¡la pasma!" Juanjo lo
oye todo desde el suelo, pidiéndoles ayuda a gritos. El coche arranca y se pierde al final de la calle. Cuando la siguiente bala le atraviesa la cabeza, Juanjo se despierta de un salto, empapado en sudor. ***** A la mañana siguiente, Julio y Nacho maldicen a las puertas del banco, preguntándose por qué carajo su colega les ha dejado tirados. No hay manera de localizar a Juanjo, no responde al móvil, y su casero dice que dejó el piso esa misma mañana. A kilómetros de distancia, en un autobús a ninguna parte, Juanjo se replantea su vida. Grey Arkhane November 11 El Doctor Insomnio - Acto I: The Watchman[The Watchman] La ciudad de Aquillan duerme, intentando protegerse con luces de la oscuridad, inquieta en el intranquilo sueño de los culpables. Sin embargo, él permanece despierto, en silencio. El sol apenas se ha puesto, dejando un último recuerdo de sangre y fuego, y el enmascarado no es aún sino una más de las impasibles gárgolas de acero que coronan el edificio Clarion, ocultando entre sus grotescas sombras oscuros secretos, observando...aguardando. Su rostro oculto contempla, sereno, el paisaje nocturno de la ciudad durmiente, y su mente va un paso más allá que sus ojos. Muchos lo considerarían un don, una curiosidad anecdótica, o incluso una oportunidad para enriquecerse. Si, la información siempre es útil, piensa sin palabras. Pero para él no es más que una maldición que le ha robado el descanso de sus noches, y que sólo la morfina o el cloroformo pueden devolverle...en ocasiones. Pero él, como tantos otros malditos, ha transformado su carga en azote, compartiendo con los pecadores ese infernal castigo que él sufre como justo. Sus ojos miran, y su mente va más allá. Buscando...buscando a sus presas. Y cuando las encuentra, da un paso hacia el vacío, y con un aleteo de su gabardina desaparece en las luces y sombras que pueblan las calles de la gran ciudad. Innocence is hurting, a world speaks out of tune Promise calls, promise falls, what are we to do? With a clouded view, you follow me through Sadly the tides are changing, my world slips out of you Your body falls, my body calls, what are we to do With a clouded view, you follow me through My life's turning pages, I see a promised day Watchmen never age here, they just sleep in vain Drowning people stare here, they don't care to call So I rebury the pages, Kthulhu calls... You'll see, you'll see her when she starts to form You'll see, you'll see her when she starts to call In the name of Jesus Christ won't you fear my name I've been around since Moses, your preacher never came You'll see, you'll see her when she starts to form You'll see, you'll see her when she starts to call Follow me... You sleep, you sleep, follow me It's just another day, remember I am calling you Just another day, remember she's calling for you Just another day, Kthulhu I am calling for you Just another day, An empire has fallen from view You sleep, you sleep Follow me You sleep, you sleep You cannot follow me Grey Arkhane
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