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February 23 ValoracionesAlguien dijo una vez que "no apreciamos el valor de lo que tenemos hasta que lo perdemos".
Menuda sandez. No es tan difícil pararse un momento a mirar alrededor, y tasar con habilidad y precisión lo que tenemos...y lo que no.
Pero claro, casi nadie lo hace. Puedes achacarlo al hecho de que en la Humanidad aflore la "Visión Generosa", es decir, mirar más para los demás que para uno mismo, y se instale en nuestras mentes esa sentencia de "¿Por qué él lo tiene y yo no?", o simplemente al hecho de que muchos tengan miedo a hacerlo. No siempre resulta fácil darte cuenta de que todo aquello que tienes en tan alta estima no vale un carajo, y que aquello que realmente merece la pena sea lo que hayas despreciado para conseguirlo. De hecho, nunca lo es. Por eso la gente prefiere quejarse y vivir deprisa.
De cualquier modo, saber el valor de lo que tienes, de aquello que deberíamos valorar y cuidar y no hacemos, antes de perderlo (que es lo que supongo que pretendía el autor de la frase) no sirve para absolutamente nada. Al final, si tienes que perderlo, ten por seguro que lo perderás. Por mucho que lo aprecies. Así que igual tienen razón aquellos que viven deprisa y quejándose de lo que no tienen. Igual.. pero por si acaso yo prefiero seguir a mi ritmo.
Después de todo, la paciencia y la perseverancia también dan sus frutos (aunque también haya mucha gente que las sobrevalore, normalmente gente que las utiliza para intentar conseguir todo aquello que no sirve para nada pero que te empuja alto en la escala social). La vida es como un cachorro rebelde al que haya que educar: Perder la paciencia es el peor error que puedes cometer. Morderle cuando te muerda es el segundo. Porque la vida siempre muerde más fuerte que tú.
Al final, cada uno construye su barca y navega en el vendaval a su manera (o a la de los demás). Pero siempre resulta agradable ver cómo aquello que estimabas y perdiste vuelve para quedarse.
Ahsunthur
NOTA: Disculpas por el repentino silencio de los últimos días. Aprender a vivir de día, reestructurar mi vida sentimental (otra vez), acabar exámenes, empezar clases (por suerte esta vez ha sido por ese orden), crear un personaje antiTolkieniano para un juego de ESDLA y tratar de que el Quimera viva un día más come algo de tiempo... February 09 DemonologíaHoy me desperté con dolor de cabeza. Supuse que sería de dormir demasiado poco, y demasiado mal, como es costumbre en un buen estudiante como yo, pero hete aquí que no...
Al entrar a la ducha, me golpeé la cabeza con el grifo de la misma. "Vaya, ¿seguiré creciendo a mi edad?" me pregunté, y no le di mayor importancia al hecho hasta que me miré al espejo. Fue entonces cuando no pude reprimir una mueca de asombro que dejó al descubierto mis dientes puntiagudos y amarillentos: Me habían salido un par de cuernos en la frente, dos pequeños conos que se curvaban ligeramente hacia arriba, siguiendo la curvatura craneal.
Al momento pensé en mi novia; "qué estúpido, no tienes". Pensé en mi perro; "tampoco". ¿Mi familia? "A estas alturas parecerías un ariete si esa fuese la causa..." Tenía que haber algo más, así que me miré detenidamente en aquella superficie reflectante...y no encontré mis ojos. En su lugar había un par de huecos que brillaban con el fulgor humeante y dorado de un alto horno. Apagué la luz del baño. Los dos focos seguían allí. No pude evitar reírme; "lo que voy a triunfar en las fiestas..."
Seguí indagando en busca de anomalías, sin encontrar ninguna más, así que me vestí, abriendo la puerta del armario con la cola acabada en pica y cogiendo la ropa con ambas manos y un pie. Entonces me di cuenta de que algo no cuadraba; "¿dónde está mi camiseta blanca? juraría que estaba en este cajón..."
Una vez vestido, volví a mirarme al espejo, y sonreí. Hoy la ropa me sentaba especialmente bien, el gris contrastaba estupendamente con el corto vello de color azul oscuro que me cubría todo el cuerpo, así que acabé de arreglarme y salí a la calle. Creo que un par de personas me miraron raro, pero no me preocupó demasiado, ya apenas se usan las gafas de sol redondas, y es raro ver a alguien con ellas por la calle.
En clase todo siguió su ritmo normal, ninguno de los aspirantes a ingeniero que tengo por compañeros me dijo nada, y por supuesto ningún profesor(para ellos sigo siendo un número), salvo uno de ellos, que me saludó por el pasillo: Supongo que me confundió con algún conocido. Y creo que los cuernos no son del todo óseos, ya que al salir por el arco de la biblioteca pitó, pero nadie me dijo nada, les sonaría mi cara, supongo.
Sin embargo, no acababa de acomodarme a mi nueva situación(la capucha del anorak me quedaba rara, y alguien se quejó de que olía a azufre...), así que fui a visitar a alguien que pudiese darme consejo y opinión. Craso error.
"¿Qué te parece?"
"Es horrible...mírate, eres un demonio!"
"¿Un demonio? Bah, exageras..."
"¿Exagero? ¿Entonces qué haces con un tridente?"
"Lo vi en una tienda de mi camino...y me gustó..."
"No me engañas, ahora eres un ser malvado y cruel, siempre lo has sido..."
"¿Siempre lo he sido?"
"Si, ¿no te has visto al espejo?"
"Pero..."
"No hay peros posibles"
Y me cerró la puerta en las narices. En el trayecto de vuelta utilicé el tridente para pinchar a un conductor de taxi, dos cincuentones que hacían footing, unos estudiantes de ADE, un sacerdote católico, un guardia de tráfico y un equipo de rugby que volvía de un partido en Ciudad Universitaria. ¿Sería verdad, estaría volviéndome insidioso y maquiavélico? ¿Lo habría sido desde siempre? Dejé el tridente en el paragüero y me tumbé en la cama... Hacía frío, ahora que el Invierno se había ido, así que exhalé un par de veces. Las nubes sulfurosas caldearon el ambiente.
"Qué cosas..." pensé, y me eché a dormir, esperando que el día siguiente fuese menos extraño..."¿desde cuándo un profesor saluda a un alumno?"
Cerré los ojos, y soñé con angelitos.
Ahsunthur February 04 MiradasOjos que se encuentran de repente, un día, ojos que se miran y se reconocen.
Dudan:
Un saludo, una palabra, una sonrisa, una historia que contar, una historia que escuchar, un viaje, una anécdota, un sentimiento fugaz, quizá expresado entre susurros, un pensamiento, un gesto, un ademán, un largo y profundo abrazo de reencuentro, una alusión al tiempo, a la política, al fútbol, a los estudios, a los amores...una canción, un libro, un verso esquivo que se niega a rimar, un soneto escrito en la tapa de un yogur, o en la servilleta de una cafetería, un balbuceo, una reverencia, una idea que se niega a ser expresada con palabras, dos besos, un beso...?
No. Ojos que se miran y se reconocen, y pasan unos junto a otros en silencio...
Ahsunthur |
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