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    March 11

    Disparar al sol


    [Prague-NQGolem]
    El sol brilla, solo y altivo, bañando con su opresivo calor los caminos de media tarde. Sin una nube en el cielo, todo adquiere un brillo inusual, artificioso, como si quisiera parecer menos polvoriento de lo que es en realidad, en un intento por complacer, por agradar, por ocultar la maldad decadente que subyace en cuanto me rodea...

    Las suelas de mis botas hacen crujir la arenisca que invade el seco y agrietado lecho de tierra por el que transito. Una brisa se alza a mi paso, en un intento inútil de apaciguar los efectos abrasadores del calor que me rodea. Aves de alas negras y pecho blanco me observan desde el desolado ramaje, en silencio.

    Concentrado en mi oponente, apenas reparo en esos detalles. Su presencia imponente me absorbe, tratando de amedrentarme. A su lado, ¿qué soy yo, salvo una insignificante mota, para nada diferente a las que se arremolinan en torno a mis propios pies? Y sin embargo aquí estamos, uno frente al otro, sumergidos en pensamientos de muerte, solos en mitad de este erial maldito en el que los árboles crecen rugosos y encorvados bajo el peso invisible de la atmósfera enrarecida de este lugar.

    ¿Crees en algún dios? ¿Has vivido plenamente tu existencia? ¿Tienes algo que te reconforte en esta hora de tu muerte? Yo no. Por eso no moriré hoy.

    Con calma alzo mi mano, el dedo índice y el pulgar extendidos, y apunto directo al radiante rostro de mi oponente.

    "¡Bang!", exclamo, mientras mis ojos se queman y arden. Disparo al sol, y éste muere en un océano de negrura.

    Y en la eterna oscuridad que sigue a ese momento, resuenan mis carcajadas: "He ganado", digo, "estoy vivo..."

    Grey Arkhane
    March 04

    Escaleras mecánicas


    [Ronin]
    Empezó a bajar las escaleras mecánicas, sin darse cuenta de que ella no le seguía. Simplemente se dejó llevar, como el resto de la gente que le rodeaba, por el imperceptible y atronador murmullo de los motores, pensando en la clase de cosas intrascendentes que siempre acompañan al tránsito.

    Su repentina ausencia lo sobresaltó pasados unos segundos, cuando se dio cuenta de que estaba caminando solo, y se volvió para localizar a su acompañante. Su desorientación fue breve, pues casi al instante la localizó allí, en lo alto de las escaleras, concentrada mientras buscaba algo en su mochila. Sin preocuparse demasiado, permaneció contemplándola mientras la cinta transportadora lo alejaba de ella.

    Mientras los escalones de metal lo alejaban de ella. Y seguía sin bajar, sin dejar de buscar algo en las profundidades de su bolsa, mientras la distancia se hacía mayor entre ellos...

    Una inquietud irracional y repentina, un inesperado instinto que erizó su piel como una brisa gélida, se apoderó de su mente y su cuerpo, acelerando su pulso, haciéndole sucumbir a un terror primario e ineludible que le hizo empezar a subir los escalones en dirección contraria a la de aquella máquina cuya finalidad comenzaba a resultarle siniestra.

    Llamó a su acompañante, intentando atraer su atención, mientras esquivaba a las personas que bajaban en su dirección y peleaba contra la inercia del ruidoso mecanismo. Algo no iba bien, y no comprendía qué era.

    Echó a correr escaleras arriba, intentando vencer a esa híbrida corriente, hecha a medias de carne y metal, que se empeñaba en empujarle hacia abajo, en alejarle de ella. Notó miradas hostiles y comentarios airados a su paso, mientras se debatía contra lo inevitable. ¿Qué ocurría? ¿Por qué seguía allí, fuera de su alcance, por qué no respondía, por qué no lo acompañaba en su camino? ¿Qué había pasado?

    En ese momento, ella alzó la vista. Una mirada triste, llena de un dolor sereno y silencioso, de esa determinación inquebrantable con la que acompañaba a todas sus decisiones. Y lágrimas.

    Gritó su nombre una vez más, y luchó con todas sus fuerzas para recorrer la distancia que los separaba. No dio más de dos pasos antes de que los dentados bordes de los escalones se alzasen para recibirle en su caída. Al volver a levantar la vista, entre sangre y lágrimas, descubrió que ella ya no estaba allí y que su propio cuerpo era irremediablemente arrastrado hacia abajo por las escaleras mecánicas.

    De nuevo hacia abajo.

    Grey Arkhane