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    April 30

    Esgrima

    Había bajado la guardia por un instante. Había dejado un pequeño hueco en su defensa, y su oponente lo había aprovechado, de manera totalmente inesperada. Un filo recto y plateado como la luna se coló, paralelo al suelo, atravesando piel y carne, rozando dolorosamente contra el hueso y volviendo por la misma dirección, acompañado por un pequeño torrente de sangre.
     
    Dio un paso atrás, volviendo a buscar una posición segura mientras su blusa se volvía de ese color que alcanza el buen vino viejo, mientras sentía sus músculos agarrotarse, contraerse por el dolor y el cansancio. Miró a los ojos a su oponente y en ellos se mezclaban mil rostros de mil enemigos distintos. Algunos de ellos le resultaban ajenos como los altos salones de la nobleza, otros tan amenazadores como las fauces de un lobo, y algunos le arrancaban escalofríos: caras conocidas, empuñando ese acero contra él.
     
    Ignorando la herida, alzó la espada para defenderse de una nueva acometida. Izquierda, derecha, retira el cuerpo, esquiva una estocada, gira sobre si mismo y contraataca. Chocaron los aceros, y el de su oponente se revolvió, rápido como una serpiente. Su cuerpo empezó a resentirse: la herida seguía manando sangre, sin cerrarse. Nuevos golpes llegaron, más rápidos, más potentes. Alzó su acero y este los desvió todos, fiel a los movimientos de su mano. Retrocedió uno tras otro varios pasos, refugiándose en su defensa, hostigada por el ansia iracunda de su atacante.
     
    Pero esa defensa ya había fallado una vez, y un solo toque del acero podía llegar a ser mortal. Trastabilleó. Sus movimientos empezaron a ser torpes, su visión no era tan clara... La hoja de su oponente era una serpiente envenenada. Concentró sus esfuerzos, y contraatacó, buscando aquellos puntos de la defensa de su oponente que sabía más débiles. Un golpe al costado, finta y estocada a la pierna, rodea el acero enemigo y presiona, obligándole a retirarse. Poco a poco iba ganando terreno. Lanzó una estocada al pecho. Su presa ladeó el cuerpo, sin ofrecer resistencia al golpe, dejando que la hoja pasase junto a él, silbando al hacer vibrar el aire, con el cuerpo de su dueño tras ella. Fue tremendamente fácil hacerlo caer.
     
    Intentó rodar, pero no lo logró. Giró en el suelo, pero sólo tuvo tiempo para ver la hoja de su enemigo caer sobre su pecho. Alzó su acero, confiado en detenerlo.
     
    Pero su espada había desaparecido.
     
    Y aquella hoja envenenada iba directa a su corazón.
     
    Ahsunthur
    April 26

    Noche en el Barrio Viejo

    Hizo girar el bastón alrededor de su mano, y con esa gracia elegante que utilizaba al bailar dio dos pequeños saltos al compás. La noche era joven, y él se sentía bien.
     
    "Vuelves a pasear buscando la salida"
     
    Las luces no eran tan brillantes en el Casco Viejo de la gran ciudad, barrios laberínticos de casas muertas, rincones y portales sumidos en las sombras, callejas de adoquin antiguo, ahora mudas, silenciosas, exponiendo los tesoros que el día había dejado en ellas: papeles, frascos rotos(y algunos enteros, su contenido desperdigado por el suelo), y alguna que otra rata muerta.
     
    "Mírate, tan distinguido, tan apuesto, tan brillante...y eres tan solo mi esclavo. No puedes huir, no hay salida para tí"
     
    Alzó la vista por encima de los tejados que se cerraban sobre su cabeza, y pudo entrever la luna llena por encima del cielo nublado. Se ajustó su capa y su chistera, y con una sonrisa siguió su camino.
     
    "¿Cuántas veces lo habrás intentado? Y siempre vuelves a mi. Yo soy tu mejor amante, la que te da todo aquello que ansías, aquello que nadie más podrá darte nunca."
     
    Salió a la calle de candilejas, y saludó con su mano enguantada al sereno que patrullaba seguro la zona. Una voz lo llamó a lo lejos al tiempo, no devolvió el saludo. El hombre del traje lo vio irse sin perder su sonrisa camuflada en la neblina de medianoche.
     
    "Ellos no son nada, ellos no me conocen. Aunque viva en todos sus corazones, sólo los que son como tú me pertenecen. Los caídos, los condenados, los expulsados... Todos aquellos para los que todo deja de tener valor, todos ellos acuden a mi. ¿Lo sientes? Es el collar que llevas al cuello, es la satisfacción de tus ansias de venganza, de redención, de poder, de justicia, de perdón... Es todo aquello que no has sabido encontrar por tí mismo."
     
    Unos granujas intentan desvalijarle en un callejón. Sin perder el compás de su tarareo, asesta certeros bastonazos. Dos heridos, un muerto, otro huye despavorido. El hombre de la chistera corre sin perderla, y le golpea desde atrás. Que sean dos y dos.
     
    "Te divierte la caza. En realidad, disfrutas del poder que has conseguido gracias a mi, de todo aquello que has descubierto, de todas las vendas que he arrancado de tus ojos. Yo soy la realidad del mundo, y al ser mi perro eres también mi paladín."
     
    Los canales del Barrio Viejo susurran su murmullo a la noche, ocultos bajo los barrocos puentes, y el hombre del bastón recuerda otros tiempos, cuando por allí paseaba, más joven, más ingenuo, a la luz del sol cegador y terrible, acompañado de quién apreciaba y por quién creía ser apreciado.
     
    "Jajajajajaja...Todas te traicionaron, ¿verdad? Todos te abandonaron... Pobre chiquillo estúpido, que no sabía nada del mundo..."
     
    El hombre se detiene frente a un banco del paseo que acompaña al canal, repentinamente atraida su vista por el rosal que crece tras él. Sus dedos se deslizan por la planta, arrancando una rosa, roja como la sangre que vierte el corazón. Aspira su olor, acaricia sus pétalos, pierde su sonrisa y una lágrima desciende por su mejilla. La aplasta sin más, con su puño enfundado, destruyendo la belleza con su ira, sustituyendo rojo por rojo, el de la sangre que las espinas extraen de su piel en un último golpe de venganza.
     
    "¿Aún no te das cuenta? Nunca podrás huir de mi. No hay salida, ni esperanza, para tí"
     
    El hombre vuelve a sonreir, y prosigue calle abajo su paseo, mientras tararea la misma canción...
     
    Ahsunthur
    April 22

    El Sonido del Trueno

    Me despierta el sonido del trueno. Abro los ojos, notando la acogedora presión de la almohada sobre mi rostro. Giro mi cabeza, contemplando el techo blanco, engrisecido por esa lluvia que cae como una mortaja allí afuera. Busco puntos de referencia, iconos que me permitan reconocer el lugar en el que he despertado como mío. Allí están, las estanterías, los dibujos sobre la pared, el reloj sobre la mesa... ¿Qué hora es? Alargo la mano para cogerlo.
     
    Me despierta el sonido del trueno. ¿Qué? Me asalta una sensación que no sé definir mientras abro los ojos. Me remuevo suavemente entre las sábanas, mientras dejo que la lluvia me acompañe en el despertar. Contemplo el techo durante unos instantes, y poco a poco reconozco mi propia habitación: Las estanterías, los dibujos sobre la pared, el reloj sobre la mesa... Dejà vu: Alargo mi mano para cogerlo.
     
    Me despierta el sonido del trueno. Abro los ojos de repente, inquieto. Algo no va bien. Antes seguía dormido, pero ahora ya estoy despierto. Observo atentamente el techo de mi habitación, cerciorándome de que esta vez es real. Todo está allí: Las estanterías, los dibujos sobre la pared, el reloj sobre la mesa... Sé que puedo tocarlo, asirlo, y comenzar al fin este día. ¿Qué hora será? Alargo mi mano para cogerlo.
     
    Me despierta el sonido del trueno. Abro violentamente los ojos, dejando escapar un jadeo que ahoga el grito que pretendía salir de mi garganta. La persiana está bajada...No, no hay persiana. No hay luz a mi alrededor, sino un fulgor rojizo que me permite, a duras penas, ser consciente del tamaño del lugar en el que estoy. No es mi habitación. Otro trueno rasga el silencio. Miro a mi alrededor, desorientado, aterrado. Sombras transparentes,incorpóreas, fluyen a mi alrededor con ese fulgor etéreo, rojo como la sangre. Fijan sus ojos como rubíes brillantes en mi. Grito, y ellas alargan sus afiladas manos hacia mí...
     
    Me despierta el sonido del trueno. Abro los ojos despacio, aturdido, sintiendo la presión de la almohada sobre mi rostro, y la presencia de la mujer a la que amo a mi lado. Giro la cabeza para contemplar su rostro, que me mira con una nota de preocupación en sus ojos castaños. "¿Qué ocurre?" "No es nada. Tan sólo un mal sueño. Al menos el despertar es mucho mejor..." Alargo mi mano para acariciarla.
     
    Me despierta el sonido del trueno. Grito en silencio, y permanezco quieto, la respiración agitada. ¿Dónde estoy? Contemplo el techo blanco, engrisecido por la lluvia que cae afuera, filtrando los rayos de un sol que no puedo ver. No me atrevo a moverme. ¿Cómo sé que esta vez es de verdad? Pienso: "Estoy solo", e intento recordar lo que hice antes de acostarme. "Sí, estaba solo". Me concentro en mi piel, sintiendo el contacto de las sábanas. Cierro los ojos durante unos segundos. Vuelvo a abrirlos. La realidad sigue allí. Con un temor reverente flexiono los dedos de mi mano derecha. Nada cambia. La muevo hacia el borde de la cama, despacio. Sigo despierto, sigo vivo. Con esa cautela que infunde el terror puro, alargo mi mano, lentamente, hacia el reloj...
     
    Me despierta el sonido del trueno.
     
    Ahsunthur
    April 12

    Historias en la noche

    La ciudad brilla con un resplandor sulfuroso, eco de las lámparas de gas sobre la vieja piedra de la antigua urbe, y yo vuelvo a contemplar su quietud desde mi ventana, como ya haya hecho otras tantas veces a lo largo de los años. Supongo que es por esa sensación de permanencia, de estabilidad frente al cambio que azota y destruye, esa familiaridad que genera la visión de una imágen que no cambia.
     
    Tomo un pequeño sorbo de la taza que me acompaña (cafeína, algo con un ácido sabor a piña) y me dejo llevar por la brisa nocturna...Un par de ángeles planean en el cielo, recortadas sus siluetas contra el oscuro firmamento por el fulgor que emite la Catedral, luminosa punta de lanza que hiende el cielo nocturno, guía de piedra antigua y sangre nueva que eleva desde hace siglos su vieja plegaria de luz y roca. Dejo vagar mis ojos sobre su forma durante unos instantes, sabiendo que en breve su iluminación caerá, derrotada por esa noche cuya magia devora toda fe, esa noche celta plagada de mitos y leyendas, tan arraigada en la sangre de nuestra gente, incluso en aquella que ya no busca la latente energía de la vida de bosques y montañas, sino la mecánica impersonalidad de las salvajes metrópolis.
     
    Unas campanas suenan, a tan altas horas, y mi vista pasea de un edificio a otro, buscando las esquivas luces de los insomnes que, como yo, aún viven y sienten...y hay tantas...tantas luces encendidas, tantas luces a media luz tras tantas ventanas...y tantas ventanas oscuras que, como la mía, ocultan a un pensador, a un contemplador perdido en la mística nocturnidad de esta vieja ciudad... Y tras cada una de ellas, una historia...tantas historias...
     
    Y de las luces en la tierra dirijo mis ojos a las luces en el cielo, a cada una de esas estrellas que también oculta una historia de fuego y vida, y entre ellas a esa Luna que nos contempla, que nos observa, que nos advierte...Esa luna que puede ser cuchillo helado, orbe de fundente plata o reflejo de la oscuridad del universo, pero cuya presencia siempre pende sobre nosotros, inquietante presencia que tironea de las criaturas de la noche como el cazador sujeta a sus perros por las correas para recordarles a quién sirven...
     
    Llega un momento en mi inmóvil paseo en que dejo de vagar por el espacio a hacerlo por el tiempo, unido todo momento por esa constante imágen que se extiende ante mis ojos, y viajo a ese yo que era hace unos años, y a ese yo que seré en otros tantos, todos en este mismo lugar, sintiendo su propia presencia a través de ese flujo espiralado y convergente que es la cuarta dimensión...y los recuerdos se alzan con vida propia, trayendo consigo esa especial melancolía que acompaña a los momentos perdidos, tanto de pasados inalcanzables como de futuros que nunca llegarán...y cada una de las historias que acompañan a esos filamentos en la memoria...
     
    Los observo desfilar, los saludo amablemente, como quién se reencuentra con viejos conocidos... Ellos aparecen, instruyéndome con su sabiduría, y prosiguen su camino, uno tras otro... Yo los escucho y los despido, y cuando nadie más llega a visitarme, vuelvo a ese momento y lugar definidos de los que partí.
     
    Entonces, cierro la ventana y dejo la taza sobre la mesa, cerrando mis ojos para dormir...
     
    Ahsunthur
    April 04

    La Decisión de Lucifer

    Lucifer(Lux Fero, Portador de la Luz). El Ángel Caído, némesis de la deidad judeocristiana. En la imaginería de estos cultos, en la conciencia de sus creyentes, se asocia este nombre al concepto del Mal.
     
    Según la tradición, Lucifer era uno de los ángeles más cercanos a Dios(según ciertas fuentes se habla de su posición como arcángel e incluso querubín), y por ello uno de los más queridos por este. Inteligente y carismático dentro de la Hueste Celestial, este hecho no le pasaba desapercibido, pues era uno de los mejores conocedores de su Creador.
     
    Este concocimiento hizo que Lucifer comenzase a cuestionar a Dios, alzándose en última instancia contra él, al convencerse de la falsedad de su Justicia y decidiendo que no podía seguir sirviéndole, pues lo consideraba un tirano que no merecía su lealtad. Esta decisión provocó la reacción de Dios, quién expulsó al ángel, junto con aquellos que habían apoyado su postura, lejos de la Ciudad de Plata, al Infierno, donde serían obligados a ocuparse de las almas de los pecadores (o dónde continuarían su Guerra contra el Cielo, según otras de las versiones del contradictorio cristianismo...ambas son compatibles, por otra parte).
     
    Tiempo después, Lucifer provocaría el Pecado Original, induciendo a Eva a tomar la fruta del Árbol del Conocimiento, en un intento (exitoso) por ganar para su causa a las criaturas de Dios. La situación vuelve a ser similar: El cuestionamiento de una orden explícita pero no razonada, la duda acerca de las intenciones de aquel que impone la norma sin exponerla. Este hecho me lleva a la siguiente reflexión:
     
    ¿Es Lucifer realmente un avatar de la maldad? ¿No son sus actos propios de aquel que, guiado por su propia convicción, defiende sus ideas ante aquellos que tratan de imponerle otras que considera erróneas? Lucifer conoce bien a Dios, así como la situación de sus semejantes. Elabora su propio razonamiento y llega a conclusiones que le hacen cuestionarse la autoridad del primero. Opta por seguir sus propias creencias, en lugar de aceptar sin más aquellas que le son dadas, algo a lo que se nos impulsa desde cualquier punto de vista moral, sea filosófico o religioso, en virtud de nuestra Libertad (bien sea como seres pensantes, bien sea como don otorgado por Dios).
     
    Así pues, Lucifer se convierte en el primer librepensador de la Historia, y su destino, el de todos aquellos que le siguieron a lo largo de ella: La condena y la represión por parte de aquellos que, controlando el poder, se ven amenazados por sus Ideas. Desde un punto de vista personal, Lucifer no representa el Mal: representa la convicción en las propias creencias, la Independencia de Pensamiento. Lucifer es un ejemplo a seguir.
     
    Sin embargo...¿Cómo estar seguro de que son realmente las propias ideas las correctas, cómo estar seguro de que no es uno mismo el equivocado y que las decisiones de nuestros mayores no son fruto del estancamiento generacional, sino que realmente responden a la mejor solución para las cuestiones planteadas? La respuesta a esta pregunta es un complicado laberinto, un delicado equilibrio en el que, además de la Obediencia y el Raciocinio Propio oponiéndose, intervienen factores como la Sabiduría, la Experiencia, la Confianza o, mismamente, la Falibilidad de toda convicción(incluida la propia).
     
    Es este complejo entramado al que nos vemos abocados cada vez que nuestra conciencia choca con la opinión de aquellos que nos guían, la duda entre confiar en su criterio o en aquel que, interiormente, consideramos más adecuado. Es la Decisión de Lucifer.
     
    Ahsunthur