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    5월 29일

    On the Coldest Winter Night


    [On the Coldest Winter Night]
    Aún recuerdo aquellas frías noches de invierno, en las que me preguntaba por qué no podía dejarte marchar, por qué de repente una extraña, aparecida en mi vida casi por azar, se había convertido en el pilar de la misma...
     
    Aquellas noches de invierno en las que creí haberte perdido, cuando apenas había tenido tiempo de encontrarte, y en las que la única voz que oía en mi mente era la de mi corazón, llamándome a medio mundo de distancia, pidiéndome que te encontrase de nuevo para nunca más dejarte ir.
     
    Aún recuerdo aquella noche en la que, en contra de todo lo que hubiera esperado, volviste a mi, ofreciéndome tu corazón.
     

    I am breathless,
    Need I say
    How could you find me here?
    You, of all, have crossed my way
    Unexpectedly...from where?
    I feel like I am dreaming
    Hold me close,
    Tomorrow may be gone

    This is a moment of belief
    This is a moment made of dreams
    You found me here today
    On the coldest winter night
    This moment is our right

    Now, Helena tell me all
    The years we've been apart...
    Did you hear the mountain fall?
    ...my broken heart
    Don't wake me if I'm dreaming
    Hush, my dear
    Because tomorrow may be gone

    Lost in the present, I am sure
    This is the moment, say no more
    You found me here today
    On the coldest winter night
    This moment is our right

    This is a moment of belief
    This is a moment made of dreams
    You found me here today
    On the coldest winter night
    This moment is our right


    Para mi Dama de Invierno, cuyo corazón aún conservo, y por todas las noches pasadas, y por llegar, que hayan de encontrarme entre sus brazos.

    Grey Arkhane

    5월 18일

    La Última Esperanza


    [Souffrance]

    La arena se arremolinaba en torno a sus pies, mientras avanzaba a través del erial. Sus pasos se hundían en la arena gris que lo cubría todo, avanzando sin descanso, pero también sin urgencia. No había prisa por llegar a ningún lado. Ni siquiera alzó la cabeza para mirar a su alrededor: todo lo que había, todo lo que quedaba, era un inmenso erial de roca muerta, barrido por el viento seco y arenoso.

    Sólo un paisaje yermo y vacío, bajo la luz anaranjada del sol que se filtraba entre las rojizas nubes de polvo, o bajo el resplandor sulfuroso de la luna sobre el cielo purpúreo, así día tras día, noche tras noche... Leguas y leguas de lo que había quedado a su paso: vacío, desolación, ausencia...un mundo sin vida ni esperanza, un enorme cadáver del que sólo quedaban sus huesos resecos, cubiertos por apenas jirones de lo que había sido su vestimenta en el pasado...

    Ahsunthur remontó una colina de piedra gastada, desde cuya cima pudo, por fin, contemplar su destino, a lo lejos entre las montañas: la Atalaya. Una brisa templada, malsana, le llegó desde lo profundo del valle que se extendía a sus pies, desde las ruinas que se alzaban en todo él, lápidas raídas en memoria de una civilización olvidada, extinta, restos de una enorme ciudad a cuyas puertas aún podía leerse su nombre, en un monolito erosionado por los siglos y la radiación. El caminante comprobó el contenido del transportador que llevaba consigo, se ajustó la máscara y los cierres del traje, y descendió en dirección a la ciudad, entre cuyos despojos aún parecían resonar, ululantes, los gritos agónicos de los seres que una vez la habitaron.

    Ya era de noche cuando Ahsunthur llegó a las puertas de la Atalaya. El gris rojizo y verde brillante del ocaso habían dejado paso al fulgor amarillento de la luna hacía rato, y el tenue brillo azulado de sus ojos resaltó contra su rostro de piel blanca cuando se despojó de su máscara y su capucha. Las contraseñas mentales que había programado antes de su viaje, hacía semanas, le abrieron las puertas de los tres anillos defensivos de la Torre, llevándolo hasta el elevador central.

    Mientras ascendía, se libró del resto de sus ropas, agrietadas y sucias por el viento áspero y cortante del exterior, y comprobó nuevamente el estado de su carga.

    El aire fresco y húmedo lo recibió, acariciando su piel nívea cuando llegó al Domo, en la parte superior de la Atalaya. A su alrededor, un denso tapiz de vida y vegetación se extendía bajo la cúpula transparente, situada por encima de las nubes, cubriendo hasta el más pequeño rincón de las varias hectáreas disponibles. El agua fluía de un manantial artificial a lo lejos, formando una corriente que cruzaba la Atalaya de un lado a otro, llenando el Domo con su rumor sordo. Algunos animales(los pocos que habían sobrevivido, y se habían adaptado a aquel ecosistema en miniatura sin hacerlo peligrar) se movían entre las sombras de los altos árboles y la vegetación alta que cubría el suelo de tierra.

    El caminante abrió los contenedores del transportador, y la pareja de Halcones-Gaza batió alas, yendo a refugiarse entre las ramas de algún árbol, uniéndose a aquel pequeño paraíso.

    Ahsunthur contempló en silencio la belleza de su pequeño jardín, y más allá, al otro lado de la cúpula, al erial muerto y vacío que se extendía hasta el horizonte. En sus manos estaba la única posibilidad de reparar el desastre que sus antecesores habían causado. En sus manos estaba la última oportunidad de la Tierra.

    Los ojos de Ahsunthur destellaron con un resplandor azul.

    Grey Arkhane

    5월 12일

    Vida y Música

    Nota: Diversos problemas con Filelodge y Myfilehut, y cualquier otra cosa que se les parezca, me han llevado a vaciar Sound of Silence y librarme del WMP. No obstante, la música continúa en este blog: Cada entrada incorporará un enlace al archivo correspondiente en GoEar.

    [The Ecstasy of gold]

    Uno siempre encuentra respuestas donde menos se lo espera, aunque sean respuestas a preguntas que se creían saldadas hace tiempo, o tal vez incluso que uno nunca supo que rondaban por su cabeza hasta presentarse, de improviso, acompañadas de su respuesta.

    Y es que es una de las malas manías que tienen este tipo de preguntas. Volver. Y volver, y volver, y volver, una y otra vez, siempre cuando creías que habían muerto ya, y que podías dedicarte a otras cosas, como responder nuevas preguntas o, simplemente, dedicarte a ser feliz sin cuestionarte nada. Pero siempre vuelven.

    Y hoy me ha pillado por sorpresa. En primer lugar, por lo que ya he dicho. La sensación es la misma que encontrarte a un viejo enemigo (o amigo, a veces es dificil distinguirlos) sonriéndote justo antes de morir de nuevo ante tí. Y en segundo lugar, porque lo que menos esperaba en un concierto, al que podríamos calificar de "casero" por sus características(el ámbito de la gente era el Colegio Mayor y sus allegados, tanto sobre el escenario como ante él...), era darme cuenta, de repente, de que estaba contemplando la Vida Humana en sí misma, como un Universo embotellado para su estudio, algo tan enorme y simple al mismo tiempo.

    Me doy cuenta que de no haber estado dentro de esa botella, de ese reflejo miniaturizado, la respuesta(y su pregunta) no hubiese llegado a mi. Porque me veo a mi mismo en otros, observando desde lejos, pero no comprendiendo...no como ahora comprendo. Sé que lo que vería desde allí no sería lo mismo, pero haber tenido aquellos ojos me hace saber que, desde aquí, tampoco puedo contemplarlo todo.

    Y es que miro a mi alrededor, y hebra a hebra se teje el tapiz de lo humano, desde la necia pero útil ceguera de quién no ve más allá de lo que puede manejar. Y veo risas y celebración, y la delicadeza y fragilidad de una marea tan densa como las relaciones entre personas. Camaradería, ante todas las demás. Porque, ante todo, siempre compartimos una misma identificación, esa noción de humanidad que tanto varía y que sin embargo es común a todos nosotros...y eso permanece enraizado en nuestras conciencias. Y también veo los hilos del Caos, entretejiéndose en corazones mezquinos y justos, porque veo malicia, y necedad, y el odio, la venganza y la ira que siempre les siguen como respuesta. Y la sangre derramada siempre es la del noble o el inocente.

    Y los silencios detrás de cada tragedia, que sobrecogen y hielan...pero el tiempo no se detiene, y las responsabilidades se reparten, para bien o para mal, y la marea acaba volviendo a moverse, como siempre hizo. Y vuelven las esperanzas, a veces trágicamente frustradas, a veces aún en el aire, con promesas que todos perseguimos alguna vez, y casi ninguno consigue como se espera. Y la añoranza, abriéndose paso a empujones hasta hacerme cerrar los ojos y recordar... Y tras el vendaval, la calma y el cansancio, la reflexión o el descanso, la oportunidad para mirar más allá, o dejarse caer en el abandono de la inconsciencia.

    Salvo yo, que sigo dándole vueltas a este cadáver en mis manos, corrigiendo a aquellos que pensaban que la vida era Sangre, Sudor y Lágrimas.

    Porque se olvidaban de la Música.

    Grey Arkhane