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    June 25

    Punto de Ruptura

    "Me siento en un punto de calma en medio del vendaval, en el centro mismo de un Punto de Ruptura. Y eso si que me da miedo. Porque entre las brumas del vendaval, no puedo ver las consecuencias de golpear o no ese punto..." - Diarios de Viaje, 07-04-04
     
    "Es decir: en la mayoría de instantes que vivimos, existe una vía temporal que tenemos mayores probabilidades de tomar. Tantas, que podríamos considerarla única. Esa vía es lo que podemos denominar Destino" - Teoría del Cálculo Probabilístico-Temporal, 08-05-04
     
    "Sin embargo, esta norma tiene sus singularidades. Existen ciertos momentos a lo largo de nuestras vidas en los que se vuelve inaplicable. Estos puntos, estos nodos en las redes temporales, se caracterizan porque la distribución de líneas no determina una única vía preponderante, sino que aparecen varias ramas diferentes con las mismas opciones probabilísticas. Pueden clasificarse en dos tipos:

         -Divergencias: Cuando existe un número finito de vías temporales con la misma carga probabilística(generalmente un número bajo: dos, tres...). El estudio de estos nodos se vuelve más complejo(es necesaria la identificación de factores influyentes en la determinación de una u otra vía), pero operable.

         -Puntos de ruptura: Cuando la multitud de líneas temporales se distribuye equitativamente, dando lugar cada una de ellas a su propia vía temporal. La probabilidad se diluye en estos puntos, y el resultado se vuelve impredecible, al ser imposible la aplicación de cálculos probabilísticos con un error aceptable." - Anotaciones a la TdCP-T
     
    Átomos. Minúsculos, imperceptibles. Unidos por fuerzas invisibles, pero tensas como correas, tejiendo un arnés de inabarcable complejidad, una red ordenada que acabará constituyendo la esencia misma del cristal que sostenemos en nuestras manos.
     
    Así es nuestra vida. Un castillo hecho de cristal(vidrio, metal, diamante quizás, poco importa...al fin y al cabo, una red microscópica de átomos interconectados), una estructura sólida a merced de los envites del viento, a merced de los golpes de la vida. Un castillo construido para resguardar lo que somos, y mostrarlo al mundo. Recio, resistente, fiable... Pero, como en toda estructura cristalina, existen puntos frágiles, puntos en los que la simpre presión de un soplo de brisa correctamente aplicado puede hacer mella, derrumbando todo el castillo. Puntos de ruptura.
     
    Y yo vuelvo a estar en esa tesitura de haber encontrado uno en la red de mi vida. Una oportunidad para golpear y destruirlo todo, y cambiarlo por algo nuevo, distinto...y quizás mejor...y quizás peor...Como de costumbre, la incertidumbre es mi peor enemigo. La bruma que ciega mis ojos ante el futuro. La imposibilidad de saber a donde me va a llevar cada acción.
     
    Tengo la oportunidad de recuperar todo aquello que perdí, y sin embargo tengo miedo de perder con ello las pocas(pero valiosas) cosas que he ganado. Tengo miedo de perderlas, tratando de recuperarme a mi mísmo. Pero, sobre todo, tengo miedo de perderlas, y no lograrlo. De que las cenizas de este cristal se las lleve el viento, y me quede, desamparado y desposeído, a merced del vendaval.
     
    Y los instantes pasan, uno tras otro, y con ellos mi ocasión de golpear...
     
    Grey Arkhane
    June 21

    Tan sólo otro amanecer...

    Escribo esto entre dos soles, en la noche más corta del año, sombra pasajera que aguarda paciente su momento de reinar.
     
    Uno de ellos, el que se va, último de este año transcurrido solo para mi(pues este final es íntimo y egoísta, mío y de aquellos que comparten el mismo sino que las estrellas me dieron), expirando en un largo y pausado ocaso, muriendo en paz, tranquilo en ese momento de cambio, posiblemente recordando aquella mañana de invierno en la que despertó.
     
    El otro, el que llega, iluso lleno de poder, desconocido para mi, él y sus augurios, llama y horno que iluminan y aplastan, cegando a la Humanidad con su calor, asfixiándola con su luz... Él, que nacerá en unas horas, como yo lo hice años atrás, para ir a desaparecer, consumido y sin fuerzas, en esa noche de invierno, triúnfo supremo de la Oscuridad sobre la Luz, para dejar paso al heredero de ese primer sol que muere hoy.
     
    Y yo, otra vez, asistiré a sus muertes y a sus vidas, al alzamiento de aquel sol que es como un extraño para mi, al declive de este otro que es como un hermano, teniendo como única compañera en el cielo a esta Luna que, a pesar de sus muchas máscaras, nunca cambia.
     
    Debería haber sabido mucho antes lo que nacer en este día significaba: No nacer bajo el amparo de la máxima luz, ni compartir el brillo de ese sol erguido y victorioso en el cielo, sino, como él, comenzar en lo alto para iniciar, sin quererlo, sin apenas reparar en ello hasta que todo se derrumba, un descenso hasta su muerte en la máxima oscuridad. Ese es el verdadero sino de mis astros: Soy heraldo de soles agonizantes, compartiendo con ellos ese fulgor inicial, cegador y radiante, que poco a poco se apaga, sintiéndome cada día un poco menos vivo, cada día un poco más muerto.
     
    Cualquiera podría pensar que este día puede ser mi oportunidad, mi cambio, mi renacimiento, mi ocasión de volver de nuevo a brillar. Pero el que muere hoy es ese sol que se despidió hace apenas un par de horas, no yo. No hay cambio para quien sigue viviendo el mismo descenso, más largo, más tortuoso, que verá pasar soles y soles hasta llegar a esa... ¿ansiada? ¿temida? noche de invierno en la que, por fin, me reúna con ellos.
     
    Gracias a todos los que habeis contemplado, contemplais y contemplareis este largo ocaso, acompañándome en él, impasibles, atentos quizá, despreocupados, o incluso aferrándoos cada noche a esa inocente esperanza de verme amanecer más alto, más brillante, al día siguiente. Esa esperanza que nos hace creer en un mañana mejor que nunca acaba de llegar, esa esperanza vuestra, que os molestais en contagiarme(pese a lo terco de mi lapidario pesimismo), y que es la que, en el fondo, me hace arder cada día. Gracias por ese empujón que, aún si no consigue hacerme subir, al menos me hace caer más lento.
     
    Grey Arkhane

    Un año después...

    Ha pasado un año desde el último solsticio de verano.
     
    En todo este tiempo, muchos habéis sido los espectadores de este Teatro de Tragedias, de estos pedazos de mi vida que saco de mi interior, compartiéndolos con vosotros en un exorcismo purificador, en un intento por acallar y poner orden a las muchas voces (las de mis recuerdos, fantasmas de mi pasado; las de mis miedos, fantasmas de mi futuro; las de todos aquellos que viven en mi siendo yo, y esa otra, pequeña e inaudible, que puedo considerar propia) que discuten en mi interior.
     
    Me habeis observado en mi viaje, esa búsqueda que, sin moverme de este viejo lugar de metal y humo, me ha llevado a tantos sitios a lo largo del espacio y el tiempo, desde mi ciudad natal al laberinto de mi interior o la majestuosidad del cielo nocturno, pasando por barrios de ciudades que nunca existieron, paisajes en los que la niebla susurra con la voz de los muertos, o ese inquietante otro lado(uno de los muchos) al que pocos han logrado llegar...esa búsqueda que aún parece lejos de acabar...
     
    También me habéis visto bucear entre recuerdos, algunos punzantes, melancólicos, otros reconfortantes, y luchar día a día contra el Destino, el Tiempo, la Vida, la Muerte y, sobre todo, contra mí mismo, mis sueños y mis pesadillas, y el doble filo de mis ideas.
     
    Habeis asistido a mi soledad(agradable compañera unas veces, traidora enemiga en otras), a mi tristeza(ese vacío que de vez en cuando resurge para devorarlo todo a su paso), a mi ira(siempre latente, como el suspirar de una bestia interior dormida), a mi felicidad(perdida en esos pequeños detalles que tanto me cuesta encontrar), a la frustración que en ocasiones genera en mi el mundo en el que vivo, y a todas esas inseguridades que pueblan las reflexiones de este humilde aunque extraño servidor, pobre diablo con el corazón roto y cansado, rescatado inesperadamente por un ángel...
     
    Gracias por compartir conmigo todas esas experiencias, todas esas historias, tan mías como vuestras, y ser testigos de los cambios que poco a poco me arrastran hacia un destino aún desconocido.
     
    Aunque al final resulte ser tan solo una mala película.
     
    Grey Arkhane
    June 14

    Palomitas

    ¿Alguna vez te han invitado al cine, y te has dado cuenta, a los veinte minutos, de que la película es un asco?
     
    Te sientas en tu butaca, y empiezas a contemplar las imágenes que aparecen en pantalla. Pacientemente esperas a que la trama vaya tomando cuerpo, los personajes sean presentados y ganen profundidad, se desarrollen los acontecimientos que vayan a concurrir en el nudo de la historia... y a medida que los minutos pasan vas perdiendo la esperanza, hasta llegar a ese momento en el que la trama te resulta ridícula, los personajes despreciables en su mayor parte, y ya conoces el final antes de que te lo cuenten.
     
    Piensas en marcharte, pero sería una descortesía para quién te invitó (aunque no se lo pidieses, piensas, y tienes razón: te pudo ese estúpido sentimiento de "¿y qué puedo perder? No tengo nada mejor que hacer..." ERROR.), el cual, sentado en la butaca de al lado, disfruta de la película. Echas un vistazo al resto de gente, y todos ellos parecen tener la misma predisposición. "¿Es que a nadie más le parece una basura?" Vuelves a refugiarte en tu asiento, y profundamente hastiado contemplas las siguientes escenas. Tus comentarios cínicos no parecen ser del agrado de los que te rodean, así que acabas por guardarte la mayor parte de ellos para ti mismo, mientras contemplas con asombro indignado lo previsible e inútil del argumento.
     
    Miras el reloj, todavía falta hora y media. "¡Hora y media! Menuda pérdida de tiempo...y ya se sabe que al final, morirán todos. ¿Qué sentido tiene entonces todo lo anterior? Todos los esfuerzos, los problemas, las fatídicas relaciones entre personajes...¿para qué?" Desearías estar fuera, al aire libre, haciendo dios sabe qué. De hecho, no tienes ni idea de lo que estarías haciendo ahora mismo: pareces llevar toda una vida en esa sala, y ya solo puedes imaginar dónde estarías si no estuvieses allí. "Pero no podría ser más aburrido, seguro. Podría ser mucho peor, pero no más aburrido".
     
    Vuelves a mirar el reloj. Sólo ha pasado otro minuto. "¿Cómo voy a aguantar hasta el final?", piensas, y sigues riéndote de lo estúpido que es el protagonista, mientras interiormente deseas pegarle un tiro y ahorrarte hora y media de insufribles predecibilidades.
     
    Al menos las palomitas están buenas. Pero ya quedan pocas...
     
    Ahsunthur
    June 11

    Renacido

    Exhalas aire tras el momento. Serías capaz de recordar los instantes anteriores, pero ya se te han olvidado. El frío...el frío in crescendo que acompaña al dolor; el hilo que conecta los ojos de la mente del llamante y del durmiente, tirante, indescriptiblemente inexistente; el frío congelando una vida en un gran cristal que grita en silencio, mientras con un crepitar se satura y se astilla; el despertar, el interés de una vida errante, atada con el lazo del espíritu, atraída hacia el frío...el estallido.
     
    Solo el frío permanece, y vuelves a dejar escapar tu aliento, un leve suspiro que escuchas, aunque aún no sepas que tienes oídos: no es aire lo que sale de tus pulmones, sino el aullido póstumo de miles de fragmentos de cristal que se pierden en el olvido. Notas la oscuridad, y el pelo cayendo sobre tu cara, húmedo, aunque no sepas aún que es tu pelo. Por un momento recuerdas el agua, convertida en hielo, pero esa memoria no te pertenece, y se escapa junto a tu aliento, dejándote confuso: Solo permanece la humedad, resbalando fría por tu espalda.
     
    Respiras suavemente, mientras en un instante preguntas y respuestas se agolpan en el silencio de tu mente. Dejas pasar un par de segundos para que el silencio deje paso al silencio, y tu cuerpo cruje. Escuchas uno a uno los chasquidos de las articulaciones, de los músculos, los sonidos del espíritu creando materia. Sientes las gotas de humedad y el vello erizado sobre tu piel, separando el frío de lo que no eres tú de la tibieza pálida de la sangre que notas  fluir por cada una de tus venas. Y entonces te comprendes, y te deleitas durante otro momento, ubicándote en un universo que desconoces.
     
    Abres los ojos, y la luz de la Luna Llena te muestra un mundo de oscuridad, algo que tu piel supo antes que ellos. La miras, y vuelves a cerrar tus ojos. Cuando los has abierto, ya comprendes el mundo que se despliega a tu alrededor, y sigues viviendo...
     
    Ahsunthur
    June 09

    Al fin un día gris

    Al fin un día gris. Al fin la lluvia, al fin el rayo, al fin la tormenta. Al fin la adecuación del tiempo a mi vida, sin luz, sin sombras, solo un manto grisáceo de múltiples tonos y texturas.
     
    Echaba de menos mirar al cielo y ver reflejados mis ojos en él, exento de esa apabullante tiniebla espectral de las noches de Luna Llena, ausente de esa luz hipócrita del pleno sol. Añoraba esa sinceridad pintada sobre nuestras cabezas, acerada, uniforme, opresiva y desesperanzadora, amenazante y generosa...y sobre todo implacable. Así en la tierra como en el cielo, sólamente gris...
     
    Gris sin máscaras, sin ilusiones, sin mentiras o engaños... gris de nuestra condición; gris como el despreciable valor de las piedras, como el despreciable valor de nuestras vidas; tan solo un cielo gris cubriendo un mundo verde, lleno de vidas grises... como mis ojos, como la tierra en la que nací: verde siendo vida, gris siendo realidad.
     
    Necios aquellos que creen en lo blanco o lo negro, en el día o en la noche. No vivimos sino un constante crepúsculo, un crepúsculo gris como este cielo que nos ampara. Amanecer? Anochecer? Ninguno de ambos. La esperanza es tan inútil como el miedo, lastres que nos ciegan, que nos atan, que nos hacen esclavos de ese mundo de mentiras que creamos para evitar ver que nada es cierto, que tras toda idea o sueño, no hay más que el manto pétreo e impasible de la realidad. Una realidad gris, en la que nunca hay ni habrá un mañana mejor, ni un mañana peor. Tan sólo un día más, otro día gris, hasta el día en que nuestra insignificante existencia se apague como una llama sin aire en el que arder. No importa cuantos colores se inventen, cuanto apego tengamos a los ideales de luz u oscuridad...al final, con un simple gesto, todas las corazas, todos los engaños, caerán como trozos de un cascarón viejo, y horrorizados comprenderemos que no hay Destino, que no hay Dios, que no hay sentido ni fin a ninguno de nuestros actos...horrorizados comprenderemos la verdad.
     
    Y ese día será gris, como el de hoy. Gris y verde, pues la única verdad que sobrevive a ese nihilismo puro, irracional y poderoso de la realidad, la única verdad de este universo, es la vida(y con ella la muerte, como una misma cosa, ni blanca ni negra, tan solo verde...).
     
    Y ese día sonreiré, mientras los demás lloran, pues la verdad habrá triunfado sobre la esperanza.
     
    Ahsunthur
    June 04

    De-temporis

    El pintor dio la última pincelada al cuadro, y el tono dorado del último rayo de sol desapareció.
     
    Dos, tres, cinco diestros movimientos siguieron a ese, y poco a poco la luz abandonó el cuadro. Pequeñas punzadas, aquí y allá, pequeños brillos que desaparecían del conjunto, minúsculas luces sin las cuales todo empezaba a parecer menos vivo.
     
    Con una larga pincelada, que aprovechó al máximo la superficie de la brocha, hizo desaparecer el intenso rojo, y lo devolvió a su bote. Llevó sus manos a su raída bata, y manchas de color dejaron de existir, revelando blanco puro, mientras una mirada pensativa cruzó su rostro de edad indescifrable.
     
    Su herramienta volvió rauda al trabajo, y una tras otra pequeñas pasadas sobre la tela extrajeron los distintos tonos de verde, metódicamente, hasta llevarse los más leves matices en el agua o el cielo, hasta robar sus vetas en los ojos grises.
     
    Y tras el verde, el azul, el púrpura, el naranja... reducido el color a grandes manchas, progresiva eliminación de la riqueza, del detalle... Aún color, pero tosco y básico, sin perfil, sin vida...
     
    Cambió de pincel, eligiendo una brocha de mayor tamaño, mientras el disolvente se aclaraba y una sonrisa asomaba a su rostro. Con reverencia apoyó las cerdas sobre el lienzo, y barrió con su muñeca un gran trozo de cielo, una gran franja horizontal de azul intenso. Con la fluidez de la experiencia, repitió el trazo una y otra vez, hasta que cielo y mar quedaron blancos, vacíos, hasta que campos y montes fueron menos que un hueco, hasta que rostros y vidas se esfumaron en pálidos retratos a lápiz.
     
    El pintor se demoró en su primer contacto con su futura obra, dejando pasar unos instantes hasta que su pincel se despegó de la imagen, y devolvió un primer tono ocre a la paleta. Con esmero desmezcló todo aquello que había creado, y hábiles brochas devolvieron cada tono a su lugar de origen. Entonces, el pintor dejó a un lado pinceles y paleta, y contempló durante largo rato su obra.
     
    Líneas de carboncillo tachaban el vacío, y en ellas se adivinaban formas de lo que sería el resultado, el símbolo de unos sueños, de unas ilusiones, de una vida entera. Con esa sonrisa de quién dirimir sobre vida y muerte extrajo una barra de grafito del bolsillo de su bata, y deshizo una línea, y borró otra, y se llevó al olvido aquel proyecto de sueño, y luego aquella ilusión no nata, para deshacer en un arrebato de inspiración aquella visión de futuro. Y con cada idea, su sonrisa fue perdiéndose, hasta dejar al pintor, serio y temeroso, ante un lienzo en blanco, siniestro como un sudario pero vivo como un reviniente, con un lapiz como única arma y defensa ante él.
     
    Con un primer movimiento lo guardó en el bolsillo, y se fue, dejando sólo un cuadro vacío, sin nada en su interior.
     
    Ahsunthur