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    July 27

    Silencio en un claro de monte

    Me siento entre rocas antiguas y árboles viejos, en un lugar extraído del paso del tiempo, intentando memorizar una página en blanco.
     
    Y, realmente, no sé qué escribir, aún pudiendo hablar de tantas cosas.
     
    Podría hablar de la vieja iglesia junto a la que me encuentro, derruida y reconstruida tantas veces a lo largo del tiempo que sus constructores no la reconoceríana hoy en día. Podría hablar de lo mucho que este edificio me recuerda a mi mismo.
     
    O de como el frescor de la brisa que se cuela entre los árboles ancianos me acaricia con cariño y ternura. O de como esta tierra verde y este cielo gris me acogen como hijo suyo, haciendo de este lugar sin paredes mi hogar. Podría hablar de lo poco que se parece ese hogar al que me espera abajo en la ciudad.
     
    También podría contar lo que me cuenta este corazón ajeno, regalo de mi Dama, esmerado sanador de mi espíritu, mientras ve el mundo a través de mis ojos. Inesperado calor recibido en la más fría de las noches, salvador altruista de mi propia persona, luchador enconado contra las garras de sombra que me rodean...
     
    Y, sin embargo, no tengo ganas de escribir. Todo aquí es demasiado bello, demasiado apacible, todo allí abajo en la ciudad me resulta demasiado hastiante, demasiado abominable como para que, en cualquier caso, mis palabras sean justas. Prefiero entonces callar, y quedarme tumbado a merced de las caricias del viento...
     
    Grey Arkhane
    July 13

    Esgrima(II)

    La hoja bajaba directa hacia su corazón. Sus latidos se detuvieron durante el instante en el que una gota de sudor se deslizó por su mejilla, y entonces reacciónó.
     
    En un gesto desesperado, fruto de ese elaborado instinto de supervivencia que crea una vida fraguada en el combate, impulsó sus piernas por encima de su cabeza, rodando sobre si mismo fuera del alcance del filo envenenado, que repicó contra el pavimento. Con una rápida mirada localizó su propio acero, y dos fintas más le llevaron hasta él.
     
    De un puntapié elevó la espada hasta su mano, y detuvo sobre su hombro el siguiente golpe. Una sonrisa manchada de sangre acudió a su cara, y tras rechazar un par de estocadas más, recuperó el control. Pudo ver en los ojos de su oponente, esos ojos cambiantes de un verde indefinido, el tono alarmado de la sorpresa.
     
    Con esa ventaja en mente, arremetió contra su enemigo. Lanzó una, dos, tres estocadas a un lado, antes de apuntar al muslo contrario y fintar directo al hombro opuesto. Saltó, giró y atacó la espalda del otro, un paso atrás, otro alante, directo al pecho. Los aceros silbaban como metal de campana, y gotas de sangre y sudor salpicaban sus trajes a cada movimiento...
     
    Clavando el tacón izquierdo en el suelo,dió un giro sobre si mismo, extendiendo el brazo armado en un golpe de espaldas. Su oponente lanzó un jadeo ahogado al desviar a duras penas el ataque, y antes de que pudiese reorganizar su defensa, su hoja llegó desde abajo, pillándole por sorpresa. Complacido asistió al desgarrar de tela y carne, y la sangre del atacante salpicó su rostro.
     
    Sin detenerse a disfrutar de la pequeña victoria, extrajo el acero con un único movimiento, y con un paso atrás retomó la guardia, para encarar de nuevo a...a...
     
    ¿a qué? El espadachín parpadeó. Estaba solo.
     
    Volvió a parpadear. Nada... Miró a los lados, y se giró rápidamente a su espalda, preparado para un nuevo ataque a traición. El callejón estaba vacío, pero notaba la presencia de su oponente en algún lugar cerca suyo...
     
    Esperó, y no ocurrió nada. Pasaron uno, dos minutos, y la presencia del otro seguía allí, amenazante... Pero nada sucedió.
     
    El espadachín siguió esperando...
     
    Grey Arkhane