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8월 29일 Prisión de hielo[Kalynda´s Realm] Tengo la boca reseca, y demasiada mala hostia dentro de mi, cristalizada, fosilizada como el esqueleto puntiagudo y desgastado de un gran depredador extinto. El sol brilla pálido y frío sobre los edificios administrativos, que reflejan su luz con sus enormes escamas de vidrio y metal. Ocho ojos me observan desde la torre, pero parpadeo y sólo soy capaz de contar siete. Llevo veintinueve horas sin dormir, y todo parece envuelto en esa luz irreal que me muestra una ciudad conservada en hielo, etérea y espectral.
Al igual que mi ira. Camino entre la gente sin prestarle atención, meros borrones fugaces en el paisaje fantasmal, simples jirones de vaho en el hálito del gigante dormido. La ira palpita abotargada en su prisión insomne, pero no aúlla, ni desgarra mi mente con sus afilados colmillos. Congelada y latente, duerme su sueño inquieto.
Cae el sol, y deja el hielo. Camino de vuelta a casa, nadando entre anhelos de descanso, preguntándome si, cuando abra los ojos al día siguiente, seguiré al mismo lado de esta prisión escarchada...
Grey Arkhane 8월 26일 The Real Folk Blues[The Real Folk Blues] A veces nos embarcamos en luchas que no podemos ganar. Es una constante del espíritu humano: Insistir en presentar batalla cuando todo juega en nuestra contra, pelear contra algo tan grande y poderoso que podría barrernos del mapa con solo mirarnos. En ocasiones luchamos por un agravio, por la dignidad perdida, para defender una idea o una causa. Pero, en la mayor parte de los casos, lo que nos impulsa a ese afán suicida es sólo la terquedad infantil de no querer aceptar como es la vida en realidad.
Uno de los peores errores que puede cometer una persona es entrar en guerra con su pasado. Puedes tenerlo absolutamente todo, haber tomado las riendas de tu vida y estar satisfecho con las decisiones elegidas, pero aún así será inútil. El pasado buscará entre los recuerdos abandonados, entre los momentos olvidados y la gente que quedó atrás, y en el instante más inesperado te azotará con ellos en un único y certero golpe.
Y entonces, tú mismo darás el paso hacia el vacío, pues no podrás evitar pensar en todas las opciones que no escogiste, en todos los caminos que no tomaste. Y la duda volverá a clavarse, profunda: ¿Será este el correcto?
Aishiteta to nageku niwa Too much time has passed by to
Amarinimo toki wa sugite shimatta Lament that we were deeply in love Mada kokoro no hokorobi wo The wind still blowing, while my heart Iyasenu mama kaze ga fuiteru Cannot heal all the tears in it Hitotsu no me de asu o mite One side of my eyes see tomorrow, Hitotsu no me de kinou mitsumeteru And the other one see yesterday Kimi no ai no yurikagode I hope I could sleep Mo ichido yasurakani nemuretara In the cradle of your love, again
Kawaita hitomi de dareka naite kure Someone, cry for me with parched eyes. *The real folk blues *The real folk blues Honto no kanashimi ga shiritai dake I only want to know what true sadness is Doro no kawa ni tsukatta Sitting in muddy water Jinsei mo waruku wa nai Isn't such a bad life Ichido kiri de owaru nara It ends after the first time. Kibou ni michita zetsuboto Hopeless hope, Wanagashikakerareteru kono chansu And the chance with traps Nani ga yoku te warui no ka What is right, or wrong Koin no omoi to kuramitaita It's like a both side of a coin Dore dake ikireba iyasareru no darou How long I must live till I release? The real folk blues The real folk blues Honto no yorokobi ga shiritai dake I just want to feel a real pleasure Hikaru mono no subete ga All that glitters Ougen to wa kagiranai Is not gold * repeat *repeat Esta canción va dedicada a todos aquellos perdedores que desperdiciamos las horas muertas mirando por una ventana, pensando en aquellas vidas que ya no podremos tener, viviendo con un ojo puesto en el pasado y otro en el presente.
Y a Spike, por supuesto. Hasta la vista, Cowboy del espacio...
Grey Arkhane 8월 23일 Ensayos destructivos[Help me I am in Hell] -"Silencio...¿Estamos todos? Bueno, hoy vamos a hacer la tercera práctica: el ensayo de tracción. Como ya os habrán explicado en la clase de teoría, este ensayo sirve para determinar las propiedades elásticas de un material, así como el punto de rotura. Este ensayo entra dentro de la categoría de ensayos destructivos, ya que se modifican permanentemente las propiedades de la probeta utilizada." "En este caso, utilizaremos las probetas de duraluminio que teneis sobre las mesas, una por grupo. Las colocaremos en el extensímetro e iremos aplicándole una fuerza de tracción que aumentará de manera constante. La propia máquina se encargará de medir el alargamiento producido, obteniendo así las curvas de tensión deformación."
"Vamos a empezar con la primera probeta...la del grupo 1. Eso es. Ponemos en marcha el extensímetro..."
"Como todos deberíais saber, en primer lugar se produce un alargamiento proporcional a la fuerza aplicada, según la ley de Hooke. La gráfica será en esta zona una recta, y podrá calcularse fácilmente el alargamiento producido por una determinada fuerza y viceversa. Ahora apagaremos la máquina: al dejar de actuar la fuerza que la deforma, la probeta recuperará su forma original, tal y como podeis comprobar."
"Probemos ahora a realizar el ensayo completo. Grupo 2, entregadme vuestra probeta..."
"Bien. Volvemos a ejercer un esfuerzo de tracción sobre la barra, y esta se deforma en su zona elástica de manera lineal. Pero ahora seguimos aumentando la fuerza que ejerce la máquina sobre la probeta...llegamos a la zona de fluencia, en la que se produce una gran deformación sin apenas variar la carga aplicada. En la gráfica aparece como una zona turbulenta que rompe la continuidad de la misma, separando la zona de deformación elástica de la zona de deformaciones plásticas. La fluencia se produce por la presencia de impurezas en la estructura cristalina del material."
"Ahora, si seguimos aumentando la carga, podréis advertir que se producen deformaciones mayores, y que ya no se mantiene la linealidad. Cuanto mayor sea la fuerza, mucho mayor será la deformación. Si la fuerza aplicada dejase de actuar ahora, la probeta sólo recuperaría parcialmente su forma original(la parte proporcional al esfuerzo elástico que ha recorrido), quedando una deformación producida por la fuerza aplicada en esta zona. La gráfica seguirá aumentando de este modo hasta llegar a un máximo, a partir del cual el material ya no se recupera de la deformación producida, y todo el esfuerzo se concentra en la parte central de la barra, produciéndose una disminución brusca de la sección, hasta el punto de rotura del material. Ahora podeis observar como la deformación es cada vez mayor...Ya debe de andar cerca del máximo...y en breves se producirá la rotura. ¿Alguna pregunta?"
El profesor se volvió para mirar a sus alumnos. La clase estaba completamente vacía.
Detrás de él, con un chasquido seco y metálico, el extensímetro partió la probeta en dos trozos afilados.
Grey Arkhane 8월 16일 Arabian Nights (of Persia)[The Fight] Bonus Track: [Battle the Dahaka] El príncipe alzó la vista hacia la lejana cima de la Torre del Sultán. En su interior se encontraba el reloj de arena que contenía la clave para llevar todo aquel pifostio a buen puerto(él solito se lo había montado, pero jamás lo reconocería. Es más, posiblemente lo adornase con una charla mística sobre la volubilidad del tiempo o una reflexión profunda sobre el papel del Destino como títere o marionetista, con el único fin de eludir su responsabilidad). La torre no tendría más de doscientos o trescientos metros de altura, nada que no pudiese salvar en media tarde sin necesidad de útiles de escalada. Echó a andar por la escalinata principal(después de todo, ERA un príncipe, así que parecía lógico) hasta la enorme puerta principal, que encontró principalmente cerrada. En vista de que, aún siendo príncipe, no lo era de un reino de gigantes de altura media igual a un chalet de dos pisos y fuerza proporcional(algo así como la de una locomotora pequeña), empezó a buscar alternativas. Con la ayuda de unas cuantas vigas estratégicamente colocadas, grietas lo suficientemente profundas en los muros, una enredadera bastante amable y un par de estatuas de mujeres semidesnudas(en las que se detuvo cierto tiempo...debido al esfuerzo de la ascensión, claro) llegó hasta una pequeña almena que daba a una galería en la parte alta del Gran Salón Recibidor del palacio del Sultán.
Desde allí, el espectáculo era impresionante. Y desolador. Impresionantemente desolador, podríamos decir. El Gran Salón Recibidor era como una enorme caverna exquisitamente decorada, con cientos de columnas, estandartes, balcones, estructuras de madera, rejas y cuerdas que, por alguna misteriosa razón, colgaban de diversos lugares del techo sin motivo aparente. Hubiera sido un espectáculo capaz de matar de sobreexctiación al decorador más osado, de hacer enrojecer de vergüenza a la Idea Platónica de Arquitectura. De no estar en ruinas, claro. Que gran parte del suelo se hubiera venido abajo, dejando al descubierto un abismo insondable tampoco contribuía a paliar la precariedad de su estado. De hecho, la Idea Platónica de Arquitectura estaba igualmente roja de vergüienza, temiendo que alguien pudiera relacionarla con aquel montón de materiales de construcción mal apilados(aunque impresionante, eso si).
El príncipe se permitió una mueca de frustración. Últimamente, parecía que todos los lugares que visitaba estaban en ruinas, y repletos de abismos insondables. Al menos allí no había imaginativos artilugios giratorios repletos de bordes afilados. Un zoom algo errático y con un par de copas de más de su cámara mental dirigió su vista hacia un pequeño pasillo, lejos, al fondo de la sala. "Por qué no", se dijo, y dio las luces para ver un poco mejor donde ponía los pies. Las luces no se encendieron. Varios "click", "swing", "tschk" y sus ecos correspondientes se oyeron por los rincones del inmenso recibidor. "Mierda".
Diecisiete minutos más tarde, según un reloj normal(en realidad habían sido treinta y dos, contando un par de resbalones tontos, una columna menos estable de lo que había creído y una inesperada estatua de una bailarina, también semidesnuda, que le hizo apartar la atención de aquella cuchilla dispuesta a cercenar su cuello durante un instante vital. Afortunadamente, había desarrollado con la práctica la interesante y adecuada habilidad de volver atrás en el tiempo, lo que le había convertido en un maestro a la hora de repetir una y otra vez los mismos errores, e incluso empeorarlos), alcanzó el pasillo, que parecía ascender en una sucesión de tramos rectos, escaleras, trampas mortales y precarias cornisas sobre abismos insondables tamaño infantil. Nada que supusiese un problema, claro. Desde pequeño tuvo claras sus vocaciones: artista de circo, atleta olímpico, obrero de rascacielos, probador de paracaidas, monitor de puenting, asaltapisos, doble de escenas peligrosas...Sólo la expresión que vio en el rostro de su padre cuando lo comentó en una comida le hizo añadir sabiamente "pero ninguna tanto como la de Rey Guerrero de Persia, padre". Aquel al que desde entonces llamarían Suliman el Albino logró componer una sonrisa de alivio, y darle a su hijo la mejor educación posible como espadachín, algo que solo empezó a apreciar con los años, cuando se dio cuenta de que podía desmembrar a la guarnición entera de un palacio y sus respectivas monturas sin que necesitase lavarse las manos para cenar después.
Cuando describió sus últimos viajes, había olvidado mencionar el detalle pintoresco de sus gentes: zombies psicópatas y no-muertos de ojos fulgurantes, espectros poseídos por las malévolas arenas(que él mismo había liberado, ehem...) que habían intentado acabar con su vida al grito de "¡¡Shnarg!! ¡¡Kal-Uhttahn Trahbib Wra!!" ("¡¡Mira!! ¡¡quizás el extranjero sepa decirnos lo que nos ha pasado!!"). Como era de esperar, despachó a varias docenas de estas criaturas que pasaban el rato deambulando por el lugar, antes de llegar a la carrera al cruce de pasillos.
Casi embiste a la enorme mole de piel azul noche, cuernos retorcidos y pequeños ojos malévolos y llameantes, que apareció rodeada de una oscuridad densa y sulfurosa, caminando con pasos retumbantes e inexorables por el pasillo de su derecha a ritmo de heavy metal.
-¡¡El Dahaka!!-Aquella criatura lo había perseguido periódica y sistemáticamente por todo el mundo con intenciones nada claras. Sus épocas preferidas eran al principio y al final del verano, y se tomaba uno o dos meses de vacaciones al año. Ahora le miraba fijamente.
-¡¡RRRUAARRRHHHGGGLLL!!-("¡¡qué sorpresa!!")
-¡No lograrás atraparme, maldito!
-WRARGH TZSCHIMMALRGH UUTAARHHRRL ¿¿KAMINNAZSCHOK URRTURRU KRIAAGHH??-("perdona, es que me he perdido¿podrías decirme por dónde está la oficina de turismo?")
-¡Jamás!-respondió el príncipe ante la clara amenaza, y echó a correr de nuevo, saltando de saliente en saliente sin mirar atrás. Podía notar tras de si las garras del Dahaka, tratando de alcanzarle, y sus siniestros rugidos(como Roarrhl o RRRttaaahh, "espera" y "no vayas tan rápido", literalmente) acompañados de solos de guitarra que le ponían los pelos de punta. Logró darle esquinazo poco después, cuando el Dahaka se detuvo a contemplar una pintoresca muestra de las tallas locales, cámara fotográfica en mano(bueno, en garra).
Sin apenas aliento, el príncipe se detuvo a ver dónde se encontraba. El sol poniente brillaba en el cielo, la niebla se removía en el abismo insondable, el sonido de las cuchillas afiladas resonaba a lo lejos, y ante él se extendía un trozo de muralla(convenientemente semiderruida, por supuesto) que acababa en la ladera escarpada y abrupta de una montaña. Intentó encontrar la Torre del Sultán. Su mapa mental le indicó sin lugar a dudas que ya estaba dentro de ella. Un nuevo vistazo al ocaso y sus conocimientos combinados de arquitectura y astronomía le dijeron que sí, que sí había lugar para dudas, y bien grandes, y también que era posible que no llegase a tiempo para la cena, después de todo.
Así, mientras tarareaba una canción de Metallica(maldito Dahaka...) se descolgó por una columna, brincó sobre un par de banderas e inició la escalada del risco, directo hacia su destino(aunque, como él bien podría expicarte, el destino no tiene por qué ser algo fijo e inmutable, sino más bien...
Grey Arkhane
-¡¡E-eh, que no he terminado!!
-Claro que sí, te has quedado sin arena.
-¿Y?
-Que te has vuelto a quedar embobado mirando a la tipa esa de rojo, y has saltado por donde no era.
-Ahm...
8월 13일 Vientos de Libertad[Pieces of a Story] La primera vez que lo llevaron a ver el mar tenía diecisiete años. Para él y su hermano, hijos de artesanos que nunca habían salido de su ciudad natal, el rumor de las olas batientes contra los escarpados acantilados de la costa supuso un bálsamo, milagroso e inesperado, contra la herida aún abierta de la muerte de sus padres, tres años atrás. Aquellos fueron tiempos turbulentos, de cambio, y el terror que azotaba al gobierno del país también se dejaba sentir en sus calles, así que el mero hecho de sobrevivir ocupó su mente y sus esfuerzos durante unos cuantos años más, una dura lucha contra el miedo y la desesperanza, que finalizó de forma abrupta al morir su hermano, guillotinado por traición.
Cansado y temeroso, dirigió su vista al sur, donde, seis años después de que lo viese por primera vez, el mar volvió a tentarle con su promesa de libertad, de conocimiento, de aventura y de amor. Esta vez, el muchacho se dejó arrastrar por aquella suave brisa que bailaba con las mareas, y se hizo a la mar, con todas sus esperanzas puestas en aquella vida plena que en tierra se le había negado.
Su etapa como grumete pasó rápido, pero él nunca dejó de aprender: cada mañana traía algo nuevo, y cada viaje nuevas experiencias. Llegó a conocer el baile del mar y el cielo como el caracter de una amante, a saber el porqué de cada nube y la razón de cada ola. En su mente catalogó a todas las criaturas que navegaron junto a sus barcos, o cabalgaron el viento junto a ellos, y su lengua aprendió los cien idiomas de sus amigos y compañeros de viaje. Los años pasaron, y llegó a comandar su propio barco, convirtiéndose en la pesadilla de las naves de aquella República infame que había asesinado a su hermano. Sus ojos contemplaron las maravillas de las Indias, y su nombre fue temido y respetado en todo el Mediterráneo, e incluso más allá: Aún recuerda cuando aquel almirante de las islas del norte se dejó capturar tan sólo para conocerle, y hacerle la firme promesa de asistir a sus naves en su lucha personal contra sus enemigos comunes.
Y tuvo tantas amantes como lenguas habló, mujeres de todo tipo y carácter cuyos nombres aún recuerda. Algunas de ellas llegaron a amarlo realmente, e incluso es posible que, en algún lugar lejos de allí, un pequeño bastardo(o varios) llevase sus mismos ojos azules. Sin embargo, cuando la edad lo llamó a abandonar aquellos capítulos de su vida, sólo quiso sentar la cabeza con la única que tuvo(y aún tiene) su corazón: Su eterna y fiel compañera, la mar.
Así, con más de sesenta años a sus espaldas, volvió al lugar donde la había contemplado por primera vez: la celda del Castillo de If en la que lo habían encarcelado junto con su hermano, casi cinco décadas atrás, por robar en la casa del gobernador, y en la que se había ido marchitando desde entonces.
Cuando, días después, le piden sus ultimas palabras, el anciano sonríe y les dice a sus jueces: "gracias por la ventana".
Y la brisa del mar se cuela aullando por entre los barrotes de una celda vacía, sin nadie a quién ofrecer la esperanza de un sueño...
Grey Arkhane 8월 7일 Reparaciones[Anakin is Free] Una serie de chasquidos ahogados resonó en la cabina a medida que Arath Kallyhin encendía los interruptores del sistema de alimentación, acompañados por un zumbido de fondo que apareció del más absoluto silencio para acolchar cualquier otro ruido. - Vamos... - masculló el piloto entre dientes.
- <<Iniciando diagnóstico global>> - le respondió el sistema de navegación. Un pequeño holograma se formó sobre el panel de mandos, representando el diagrama en miniatura de la nave. La silueta en forma de disco de la misma se encontraba en un color amarillo, y pequeñas líneas del mismo color surgieron a su alrededor, indicando diversas anotaciones sobre partes del modelo. Hasta ahora, nada fuera de lo común. - <<Nivel de Seguridad: Suficiente>>
Arath llevó sus dedos enguantados a la proyección holográfica, examinando y leyendo cada una de las anotaciones. Nada que no supiese: la brecha del casco ya había sido soldada con una plancha de plastiacero, la rejilla de ventilación de popa parcheada con trozos prescindibles del sistema de soporte vital (si, pasaría algo de calor dentro de la nave, pero lo prefería a la alternativa), y podría volar sin el sensor de estribor. Apretó uno de los iconos situados en la esquina inferior derecha de la proyección, y una barra vacía surgió en el conjunto, con un contador preparado para el chequeo. Esa era la parte complicada, y llevaría un buen rato comprobarlo. Mientras el ordenador de a bordo iniciaba el cálculo, Arath se levantó del asiento y se dirigió a la cubierta de pasajeros.
- Te dejo al mando de la nave, R7 - Le dijo al pequeño astromecánico, el androide con forma de barril que le ayudaba en las tareas de la nave, antes de abrir la compuerta para salir al exterior, donde el sol y el gran planeta gaseoso alrededor del que aquella luna desconocida giraban se cruzaban en el cielo, pasando el testigo del primero al segundo a la hora de iluminarlo.
Arath se acomodó en la rampa de descenso, encendiendo un cigarrillo y frotándose los cansados ojos. Había estado trabajando durante días, haciendo pruebas y reparando fallos. Llevaba casi un mes en aquella luna selvática, desde que la colisión con un inesperado banco de asteroides le forzase a aterrizar allí. Tenía suerte de estar vivo, y de haberse acordado de rellenar los contenedores de raciones de emergencia antes de salir de Raltiir. "Malditos asteroides...", pensó mientras se rascaba la cabeza, cubierta por pelo blanco y puntiagudo. En realidad, eran los restos de una batalla espacial, posiblemente una escaramuza entre piratas locales y las fuerzas del gobernador del sistema. Pero al que le habían jodido la entrega era a él. Ya podía olvidarse de cobrar. Mientras contemplaba el reducido ecosistema del lugar a la luz purpúrea-verdosa del ocaso, pensó en su chica, Ireth. A ella le hubiese encantado aquel lugar. Quizás guardase sus coordenadas en el ordenador de a bordo, para volver algún día con ella. Desde luego, no era un lugar muy transitado. Si, sería un buen sitio para perderse. Si lograba salir de allí con vida, claro.
Dio una vuelta por el claro maltrecho en el que había caido la nave, a la luz verdosa del planeta que brillaba en lo alto. El "Puerta de Tannhauser" era un carguero ligero, con forma de disco y una pequeña cabina en el lateral. Un modelo bastante corriente entre transportistas y cazarrecompensas, dada su facilidad para ser modificados al antojo del propietario. "Casi un mes... hay que joderse". Una serie de pitidos devolvió su atención a la rampa de acceso, y vio a R7 llamándole.
- ¡Voy, voy, pequeñajo! Impaciente... - Echó a correr, primero hasta la nave y luego hasta el asiento de piloto, donde se dejó caer mientras observaba el informe final.
- <<Motor 1: Inutilizado
Motor 2: Inutilizado
Motor 3: Dañado
Motor 4: Inutilizado
Motor 5: Dañado
Motor 6: Operativo>>
- Bien, cruza los dedos, R7... - Dijo, mientras tecleaba el código de acceso para desactivar los sistemas de prevención y conectaba la alimentación de los motores. Si había hecho bien su trabajo, el tercero y el quinto(o, al menos, uno de los dos) funcionarían, y podría irse de aquella luna perdida. Aunque siempre cabía la posibilidad de que estallasen en una gran bola de fuego, y su vida acabase de manera más bien triste en aquel ignoto lugar. Ya no había vuelta atrás. El zumbido de la cabina se acrecentó, mientras toda la carlinga comenzaba a vibrar. Arath lamentó con una mueca haber utilizado el cableado del sistema de absorción interna para parchear el quinto motor. La vibración creció hasta niveles insoportables, y...se mantuvo. Arath contó hasta diez. Contó de nuevo. Ordenó al sistema de a bordo que le diese un chequeo rápido. Motores tres, cinco y seis, operativos.
- ¡¡Sí!! - exclamó, estampando un beso en la cabeza semiesférica del atónito androide - ¡¡Allá vamos!!
Y, con un rugido de los maltrechos pero funcionales motores, el "Puerta de Tannhauser" se despidió de su confinamiento forzoso, saliendo disparado hacia las estrellas.
Grey Arkhane |
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