Grey's profile<[-[ El Bastión de los A...PhotosBlogLists Tools Help

Blog


    September 24

    Valkyrie


    [Ebla]

    Ya no se escuchaba más que un terrible silencio, sólo roto por el graznido de las aves y el tintineo que producían los restos desperdigados de armas y corazas, sucios de barro y sangre, al ser mecidos por la mano inquieta del viento.
     
    Hacía horas que todo había acabado, que los últimos estertores de los moribundos se habían extinguido... La batalla había finalizado, dejando tras de sí un valle pisoteado y roto, teñido de rojo, sembrado de restos de carne, madera y metal... El cielo se cerraba con nubes negras, como de luto, como queriendo apiadarse de la tierra violada y mancillada, pretendiendo aliviar con lluvia todo el sufrimiento que aquella guerra había causado.
     

    Las primeras gotas cayeron tímidas, arrastrando con ellas un viento frío y húmedo, yendo a posarse con un sordo repiqueteo sobre los abollados yelmos y los escudos rotos, colándose por entre los sucios cabellos y las heridas expuestas, diluyéndose en lagos de sangre aún no reseca. Las aves huyeron en busca de refugio, y pronto nada más se escuchó salvo la percusión constante de la lluvia, que lavaba la sangre y la suciedad de los caídos bajo un cielo del color del plomo, del color del acero...

    Rostros serenos recibían el agua, rostros de miedo, de ira, de dolor...y también, alguno que otro, de paz. Rostros de ojos vidriosos que no verían la lluvia nunca más, congelados en el instante de sus últimos alientos, grabadas en sus facciones las descarnadas emociones que tallaron los latidos finales de sus corazones.

    Un rayo quebró con su luz  cegadora el nublado firmamento, y una ráfaga de aire barrió los ajados estandartes y las deshilachadas capas mientras el trueno resonaba, único dueño y señor del olvidado campo de batalla. Y, de nuevo, la oscuridad.

    Algo cambió allá arriba, en el cielo, y las oscuras nubes vibraron y giraron, en lenta y sinuosa danza, formando remolinos de plomo y mercurio en su denso entramado. Como en un viejo ritual, jirones de niebla y humo se arremolinaron y se separaron, plegándose sobre sí mismos para, de pronto, dejar paso a rayos de luz pura, blanca, que como lanzas descendieron del cielo para posarse sobre las embarradas brechas del destrozado valle.

    Y con la luz, descendieron ellas. Una a una, cayendo del cielo como plumas en el viento, como hojas de otoño, tan resplandecientes como la luz que las rodeaba cual manto. Silenciosas descendieron hacia la castigada tierra, a lomos de albos corceles alados, vestidas con blancos ropajes y armaduras de plata, los níveos cabellos ondeando a su espalda como un halo de niebla bajo los brillantes y elaborados yelmos. Y sus ojos...en sus ojos fulguraban las mismas estrellas, el poderoso resplandor del rayo, el fuego azulado y frío de la luz de los mismos dioses...

    Una a una se posaron en tierra, y sus corceles, más altos que los guerreros más recios, caminaron entre los caídos con delicadeza, cuidadosos y precisos, sin errar un paso, mientras aquellas divinas criaturas que los montaban examinaban cada uno de los cuerpos mutilados. Sin una palabra, sin un ruido, lanzas de luz como rayos domesticados aparecieron en sus pálidas manos, y con ellas abrieron nuevas marcas en los cadáveres de algunos de los que yacían a sus pies, brechas abiertas en el mismo centro de sus corazones. Pero de esas heridas no brotó nueva sangre, brillante y roja, para ir a unirse con los ríos que anegaban el valle, sino un vapor denso y luminoso, a través del que surgía, desde el interior del propio cuerpo de los caídos guerreros, un brillo dorado.

    Sus ojos se abrieron, de repente, inundados de esa misma luz que manaba de sus pechos, y el cielo nuboso vino a recibir sus recobradas y perplejas miradas. Uno a uno, desorientados, fueron incorporándose. Uno a uno, dejaron atrás sus cuerpos maltrechos, y las doradas y brillantes figuras de cientos de guerreros se alzaron de nuevo en el campo de batalla, ilesos, inmaculados, portando lustrosas sus mallas y afiladas sus hachas y espadas, ardientes sus ojos con la luz de su mismo espíritu, pintados sus rostros con sonrisas de orgullo, de comprensión. Desde el más joven al más veterano, se mostraron a la vista de sus compañeros como el día antes de la batalla: nobles, orgullosos, temibles... Y entre ellos, a lomos de sus corceles, las silenciosas presencias de las hermosas damas guerreras, serenando con su mirada a los despiertos, alzando a los caídos, rescatando las almas de aquellos dignos de servir junto a los dioses en la batalla del Fin de los Días.

    Todas ellas acabaron su tarea a la vez, y formaron en fila al frente del resurrecto ejército. Los atónitos soldados contemplaron como las alas de sus corceles batían al tiempo, mientras de los gélidos labios de las damas surgía un coro de voces etéreas, afiladas, cuya canción de guerra alcanzaba en el corazón a los guerreros caídos, como flechas incendiarias que alimentasen de nuevo su valor, su coraje, llenando de bravura sus espíritus. Las luminosas figuras montadas se alzaron sobre la tierra, cabalgando de nuevo hacia el cielo, al son de su himno de batalla, y tras ellas cientos de orgullosos hombres, cientos de guerreros valientes, las siguieron, dejando atrás el lugar de su muerte y de su vida, rumbo a donde les aguardaban sus hermanos y sus dioses...

    Rumbo al Valhalla.

    Grey Arkhane

    September 19

    Prophets of War



    Es el momento de cambiar.
     
    Los últimos días de verano se extinguen, y con ellos el tiempo otorgado. Es el momento de regresar a la oscura Capital del Reino, y a la vida que dejé atrás, rota, sin sentido, sin perspectivas... Es hora de volver a esa eterna lucha por la propia supervivencia frente a la rutina, frente a la sociedad, frente a la propia Realidad que inmisericorde nos pone a prueba día tras día.
     
    Combatir el miedo.
     
    Pero yo ya no soy el mismo. He cambiado, y el cambio en mí mismo ha de alentar al cambio en lo que me rodea. Armado con esa nueva luz que brilla en mi espíritu, con ese nuevo ánimo que hallé al hacer frente a la oscuridad en mi interior, al quebrar las máscaras con las que cubría el vacío de mi existencia, el Elixir al final de mi Viaje del Héroe, se acerca el momento de iluminar con él lo que quedó envuelto en sombras, de despejar el horizonte en busca de un nuevo futuro.
     
    Encontrar la verdad.
     
    "Soy consciente de hallarme al borde del futuro", como diría cierto sarcástico londinense, "en vez de al extremo del pasado". Se acabó el tiempo de prueba, el ensayo cuidadoso pero inocuo de mi nueva situación ante el mundo, del resultado de ese enfrentamiento con mis propios demonios. Ya no hay tiempo para comprobar como mis alas blancas baten en esa atmósfera densa y oscura que dejé atrás: Es hora de lanzarse al vacío y volar.
     
    Es el momento de cambiar.

     
    It burns deep down inside of me,
    We have ourselves to blame.
    Not questioning, accepted as the truth.

    Debate this fight it's just cause
    The facts do not support theirs
    To liberate a people
    And rid them of tyrant rule

    Is it time to make a change?
    Are we closer than before?
    Can we help them break away?
    Are we profiting from war?

    It's time to make a change.

    Intrigued
    Got your attention - deceived
    Since the inception - our brave
    Fight for what reason

    Compelled
    Can we clean up this mess?
    The loss of loved ones
    A perverse request
    They continue the same rhetoric
    These derelicts that profit
    Win or lose

    Is it time to make a change?
    Are we closer than before?
    Can we help them break away?
    Are we profiting from war?
    It's time to make a change

    Time for change
    Fight the fear
    Find the truth
    Time for change

    The only thing
    That I believe
    Will help us see this through is faith.
    Pray they will forgive,
    Forgive our arrogance,
    So we can make it right,
    Right what they have wronged.

    See you sweat
    Unexpected, controversial
    Get used to it
    Things are gonna get personal
    Your sympathy
    A pitiful display you stutter
    Your empathy
    Means nothing if there is no honor
    Responsible
    Of this you are incapable
    We implicate
    Incriminate - Exacerbate - Too much at stake

    Our Fathers, Mothers
    Sisters, Brothers
    Sons and Daughters
    Forced
    Perpetuating their ideals
    A mindless act
    To stay the course

    Is it time to make a change?
    Are we closer than before?
    Can we help them break away?
    Are we profiting from war?

    Is it time to make a change?
    Are we closer than before?
    Can we help them break away?
    Are we profiting from war?
    Is it time to make a change?
    A change from what it's been
    Can we help them break away?
    Is our patience wearing thin?
    It's time to make a change

    Time for change
    Fight the fear
    Find the truth
    Time for change

    Grey Arkhane

    September 11

    Como jugar a la comba con cuatro caballos


    [Witchwood]

    -"¡¡¡NOOOOOAAAAARRRRRGGHHH!!!"

    Cuatro caballos tiraban de las extremidades del hombre, que gritaba con toda la fuerza de sus pulmones. Sus alaridos resonaban en el pequeño coliseo de Aquilia. Después de todo, lo estaban torturando horriblemente hasta la muerte.

    O eso se suponía. La verdad es que Antemo se aburría bastante. Todo el mundo se había marchado del estadio hace tiempo, y hasta los guardias lo habían dejado solo allí, con sus caballos.

    Cierto es que podría ser peor, claro, podría estar muerto...pero tenía que reconocer que el hecho de tener a más de doscientas personas pendientes de su agónico desmembramiento era lo más parecido al reconocimiento que recibiría jamás por parte de la sociedad. Qué carajo, cuando le ataron las cuerdas se sintió más orgulloso que en toda su vida, pasada entre bares y caminos poco transitados. Así que, de vez en cuando, le daba por gritar, a ver si alguien regresaba y se quedaba un rato a verle, no como los guardias del estadio, que a veces se asomaban por la puerta de la arena, y cuando comprobaban que seguía vivo volvían a marcharse con cara de fastidio.

    Pero Antemo siempre había sido muy perseverante, aún en el fracaso (precisamente por eso mismo había acabado allí: por perseverar en su fracaso), y consideraba que en esos casos uno debía seguir aquella máxima que cantaba un grupo de bardos de Londinium: "el espectáculo debe continuar".

    En esta ocasión, su espectáculo continuaba desde hacía más de dos días. ¿A quién quería engañar? Estaba siendo un desastre...hasta muriéndose resultaba patético. Antemo dejó de gritar y patalear y se sentó en el suelo de arena. El sonido del viento se coló entre los arcos vacíos del estadio y una brisa le revolvió la melena y la barba, largas y sucias. Uno de los caballos piafó.

    Antemo lo miró con rencor. La culpa no había sido suya, él lo había hecho todo perfecto: los harapos, las sandalias sucias, aquella molesta mata de pelo que le cubría la cara y la cabeza...su aspecto era justo lo que se esperaba de un Reo. No prisionero, ni esclavo: Reo. Con mayúscula. Había una grandeza implícita en aquel nombre. Si, era una grandeza breve e intensa, pero grandeza al fin y al cabo. Después de todo, era muy parecido a Rey...a su manera... ¿Y su actuación? ¡oh, qué digno espectáculo! Se había revuelto contra los guardias mientras lo arrastraban al centro del estadio, les había escupido y maldecido en lenguas bárbaras (o algo que él imaginaba que debía sonar como una lengua bárbara), ¡y hasta había mordido a uno de ellos! Todo iba bien, hasta que los malditos caballos lo jodieron todo.

    Miró con odio al que tenía más cerca. Éste le sostuvo la mirada con una calma sobrenaturalmente indiferente. El duelo fue breve: Antemo apartó la vista menos de un segundo después, avergonzado. En el fondo, la culpa tampoco era suya, pobrecillos...al menos lo intentaban.

    Sobre todo el de su pierna derecha, un ejemplar fuerte de color dorado pálido, casi blanco, que tiraba con fuerza...en la dirección que él creía conveniente, cierto, pero tiraba. Su peculiar sentido de la orientación provocaba a Antemo curiosas contorsiones cada vez que el caballo consideraba que no estaba siguiendo la mejor ruta posible. Desenredarse cuando eso ocurría era lo más parecido a un pasatiempo al alcance del reo.

    Había otro que tiraba, o eso creía. Lo cierto es que aquel caballo, pardo y sereno, había empezado tirando con tesón de su cuerda, en línea recta desde su brazo derecho, con una eficiencia y ritmo asombrosos. Antemo se preguntó quién habría sido la mente preclara que había puesto entre aquel caballo y él mismo una cuerda de varios centenares de metros. Hacía mucho que no veía al caballo, desde que salió por una de las puertas del estadio, pero algo le decía que seguía tirando en linea recta en algún lugar lejano. De vez en cuando, del montón de cuerda arrollada se deslizaba una nueva vuelta. Igual algún día acababa de tensarse, pero Antemo apostaba porque antes se moriría de hambre.

    Como aquel pobrecillo de color gris, un caballo viejo y desdentado que, por alguna extraña razón, se dedicaba a mordisquear con ansia las cuerdas de los otros caballos, como si quisiera liberarlo de ellos y llevárselo con él, arrastrándolo hacia los dioses saben qué lugar. No tenía mucho éxito en tal empresa, la verdad, y muchas veces se tumbaba y le miraba como con lástima. El hombre le daba palmaditas en la cabeza con su mano libre cuando eso ocurría.

    Efectivamente, ya no había nada atado a su mano izquierda. Al principio le pusieron un magnífico corcel del color del carbón, que resoplaba y se movía nervioso, enérgico. Si le hubieran dejado, habría arrastrado a Antemo y a los otros tres caballos. Al reo le brillaron los ojos cuando lo trajeron, y se habría frotado las manos de no tenerlas atadas. Pero tan pronto como vino, se fue. De manera inexplicable, rompió los arreos, traspasó la puerta del coliseo y nunca más se supo nada de él.

    Menudo desastre...¡Ya no podía uno ni morirse con dignidad! Un momento, ¿qué era eso? ¿¿pasos??

    -"ehem... ¡¡No, NOOOO!! ¡¡AAAARRRRRGGGHHH!!"

    El caballo gris le miró con curiosidad fingida. El caballo blanco decidió cambiar de rumbo en ese preciso momento. Una vuelta más se deslizó del montón de cuerda. Y a lo lejos, como arrastrado por el viento, sonó un relinchar poderoso y bravo, que a Antemo le recordó sospechosamente a una carcajada.

    El ruido de pasos se alejó por donde había venido...

    Grey Arkhane