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8月16日 SoledadLa pesada verja de metal cayó con un sonoro estruendo a
sus espaldas, dejando encerrado al noble en el oscuro cubil. Algunas
esferas de luz latían levemente en el espacio principal del mismo, una
estancia circular de unos veinte metros de diámetro, apenas iluminando el
lugar. El suelo de piedra estaba desgastado y ruinoso, cubierto de paja y
diversos restos de caballo o venado. Una serie de verjas se distribuían a lo
largo de la pared a intervalos regulares adornadas, al igual que aquella por la
que acababa de entrar, por motivos afilados. Tras ellas se encontraban los
cubículos de las bestias que conformaban el primer regimiento de caballería de
la Casa Klyrien de Karond Hrref. Avshrrae aguardó un instante a que sus ojos se hicieran a la penumbra y avanzó hacia una pequeña celda anexa a la entrada que acababa de cruzar. El joven elfo oscuro, hijo menor de la casa gobernante de la pequeña ciudad, había llegado hace poco de una exitosa incursión en el viejo continente. Las bodegas de las ágiles naves de su familia volvían rebosantes de riquezas y esclavos después de una larga temporada ausentes. Avshrrae sonrió: aquel éxito le había reportado numerosos beneficios, y no sólo materiales. Su estatus en la política interna de Karond Hrref había recibido un impulso incomparable, posicionándolo incluso por encima de sus hermanos mayores en la aspiración al gobierno de la ciudadela. Una serie de palancas sobresalían de la pared de piedra en el interior de la celdilla. El noble accionó una de ellas, y una de las jaulas se abrió al fondo de la estancia. Un rugido sordo, como el retumbar de un geiser, se escuchó al fondo de la misma. Cerrando la portilla de la celda y tomando un jugoso pedazo de carne del saco que había traído consigo, salió al encuentro de su montura. El gélido salió de su refugio haciendo retumbar el suelo a cada paso. El gigantesco saurio, de más de cuatro metros de largo, agitó su larga cola e hizo chasquear sus fauces, desentumeciéndose al pasar a la más espaciosa estancia.
-¡Soledad!-llamó el druchii, y arrojó el trozo de carne sangrante delante de la
bestia. Esta se abalanzó hacia la pieza, un muslo entero de caballo, y la
despachó de un par de bocados. Avshrrae cogió otro de su saco, y se acercó
hacia el animal. Lanzó otra considerable pieza de carne al animal y se colocó a pocos pasos de él, para que pudiera verlo. Los ojos rojos, dos minúsculos rubíes en el escamoso rostro verde de la bestia, se enfocaron en él...y ocurrió lo impensable: El animal se plegó sobre si mismo, tensando los poderosos músculos de los cuartos traseros y rugió amenazadoramente al que había sido su dueño y compañero durante tanto tiempo, mostrando sus aterradoras fauces. Avshrrae, tan alarmado como irritado, retrocedió un par de pasos. Sabía que alterar a un gélido acarreaba una muerte casi segura, así que trató de tranquilizarlo con el sonido de su voz y con gestos apacibles. El noble alzó su puño y olisqueó el guante: el penetrante olor de las sustancias que los jinetes de gélido usaban para que sus bestias les reconociesen como compañeros era el mismo de siempre, no había nada mal...¿por qué entonces aquella reacción? -Tranquilo, Soledad...cálmate...vamos, compañero...-el gigantesco lagarto seguía a la defensiva, sin dar atisbos de reconocer a su dueño, observando alerta todos sus gestos y palabras. ¿Tanto tiempo había pasado fuera, tan sólo habían bastado tres meses de ausencia para borrar años de complicidad? Avshrrae entrecerró los ojos. ¿Sería posible que alguien hubiera amaestrado al animal en este tiempo con el fin de asesinarle? ¿Realmente iría a atacarlo? El gélido volvió a rugir, tensándose más aún. El druchii dio un par de pasos atrás, mientras mantenía su mano extendida ante él, en un gesto de apaciguamiento que parecía resultar inútil. Su otra mano se deslizó hacia la empuñadura de la espada que colgaba de su cinturón. El eco entremezclado de un grito de guerra y un tremendo rugido resonó en todos los sótanos de la Torre de la Casa Klyrien cuando el aterrador gélido, una masa de varias toneladas de piel escamosa dotada de poderosas garras y fauces, se abalanzó sobre aquel que lo había criado y cuidado durante tanto tiempo. Grey Arkhane 评论 (1)
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